Todo sobre la Tensión Arterial

Son innumerables los cambios adaptativos que se producen cuando una persona realiza una actividad física. Sin duda uno de los más olvidados, aunque de los más importantes, es la presión que sufren los vasos sanguíneos durante la actividad. Así, en personas sanas, las cargas de trabajo, la posición del cuerpo e incluso el estado de hidratación pueden variar sustancialmente las cifras de tensión arterial (TA). El cuerpo, adapta innumerables mecanismos para que este cambio no le afecte.

El problema viene cuando el deportista tiene algún problema de hipertensión (HTA), ya sea primaria o esencial (origen desconocido) o secundaria (relacionada con problemas renales, cardiacos, endocrinos…). Este desajuste del organismo puede hacer que las cifras altas de tensión arterial desencadenen patologías muy graves para el individuo como pueden ser los accidentes cerebrovasculares, infartos y otros problemas vasculares.

Antes de empezar tenemos que recordar varios puntos fisiológicos (1):

  • La Presión Arterial (PA). Es una medición de la fuerza que se aplica sobre las paredes de las arterias a medida que el corazón bombea sangre a través del organismo. Esta está regulada por el volumen sanguíneo, la resistencia periférica total y la frecuencia cardíaca.
  • Una presión arterial normal suele ser 120/80 mmHg. Esto significa que el corazón ejerce una presión máxima de 120 mmHg durante la fase de bombeo (sístole) y que mantiene una presión de 80 mmHg durante la fase de llenado (diástole).
  • La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera HTA unos valores iguales o superiores a 140/90 mmHg.
  • La mayoría de personas con hipertensión moderada no experimenta síntomas. Sin embargo, si se hace más relevante, pueden aparecer dolores de cabeza, fatiga, palpitaciones, mareos o sangrado por la nariz, aunque no necesariamente. De ahí que esta enfermedad sea conocida como el asesino silencioso.

Partiendo entonces de estas premisas…

¿Qué ejercicios deberían evitar las personas con tensión arterial elevada?

Tanto en ejercicios de fuerza como en ejercicios cardiovasculares se desaconseja la práctica de ejercicio a altas intensidades y/o altas velocidades de forma brusca, ya que puede producir cambios en la tensión arterial muy agudos, que pueden desencadenar isquemias importantes o roturas de vasos (2). Esto no quiere decir que no se puedan hacer ejercicios de alta intensidad, sino que deben ser progresivos hasta conseguir que el cuerpo llegue a adaptarse y pueda soportar estas cargas.

El ejercicio isométrico podría contribuir a la hipertrofia concéntrica en el corazón de personas con tensión arterial elevada y, teóricamente, podría aumentar la morbimortalidad cardiovascular de estos. (2) (3)

En ejercicios contra resistencias tales como halterofilia, la tensión puede llegar a dar valores de hasta 480/350mmHg. Esto puede suponer un gravísimo riesgo para la salud de nuestro paciente (3) (4). Por tanto, este tipo de ejercicios contra resistencias elevadas estarían desaconsejados.

Hipertensión arterial

Entonces, ¿cómo podríamos ajustar la actividad física al colectivo con tensión arterial?

Es importante conocer la tensión arterial del deportista antes, durante y después del ejercicio.

  • Si la tensión arterial antes del ejercicio es superior o igual a 200/115 mmHg, no se debe hacer ejercicio físico (5).
  • Durante el esfuerzo en actividades de resistencia se puede llegar a obtener tensión arterial de 220/120 mmHg. Existe discrepancia sobre cuando parar de hacer un ejercicio según la tensión. Hay autores que consideran que debemos parar el ejercicio si la TAS supera los 250mmHg (6), mientras otros defienden que si en el plano horizontal, la tensión arterial sobrepasa los 150/100 mmHg se debe parar (5).
  • El incremento de presión arterial durante el esfuerzo es aproximadamente de 7-10 mmHg por MET (equivalente metabólico) empleado, por lo que deberíamos ajustar los ejercicios a tales METs para que no aumentase demasiado la tensión arterial (7).
  • Después de la actividad, aunque no es necesario, estaría bien observar los niveles de tensión arterial, para saber si se han normalizado, ya que al realizar un esfuerzo corremos el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares y aterotrombóticos. También sería aconsejable hacer un estudio de la tensión arterial en los 4 miembros para comprobar que no haya diferencias importantes de TA que puedan indicar una disfunción vascular (8).

Por tanto, me gustaría destacar que el paciente hipertenso está completamente capacitado para realizar actividad física siempre y cuando se realice de forma progresiva y adaptada a su situación basal. Sin embargo, se deben seguir ciertas normas de seguridad (que se comentarán en otros artículos) y siempre baja la supervisión de personal cualificado y que sepa responder ante un posible efecto adverso del deporte.

Una vez analizados los puntos clave del trabajo físico de una persona hipertensa, debemos seguir analizando ciertas premisas que se deben tener en cuenta para que estos deportistas no incrementen el riesgo de sufrir patologías relacionadas con cambios en la tensión arterial (TA).

Así pues, uno de los puntos más importantes y básicos a la hora de realizar actividad física es controlar cómo respira el deportista, pero…

¿Se debe controlar la respiración para que no aumente la Tensión Arterial?

Si la respiración no es adecuada durante la realización de una actividad física puede provocar unos picos de tensión arterial muy importantes.

Lo analizaré con un ejemplo práctico. Cuando estamos realizando un trabajo de fuerza que puede ser por ejemplo press de pecho con barra tumbados en el banco, mucha gente tiende) a no respirar cuando hace la fase concéntrica (la barra sube). Esto hace que aumente la presión intratorácica debido a que se están contrayendo los músculos del tórax y este, al estar lleno de aire que no puede escapar por ningún sitio ya que tenemos la glotis cerrada, hace que aumente la tensión dentro de los órganos que hay en la cavidad torácica (Maniobra de Valsalva), en este caso, el corazón. Éste, al soportar tanta presión, necesita aumentar su potencia para poder sacar la sangre hacia todo el organismo lo que da lugar a una presión muy alta sobre los grandes vasos (aorta). Si además, terminamos la fase concéntrica y respiramos de golpe, se libera toda la presión que había dentro del tórax, saliendo la sangre hacia todo el organismo con una presión anormalmente alta, pudiendo provocar daños vasculares. Si esto pasa en el cerebro, podrían producirse hemorragias (9) (10).

Debido a esto, es muy importante controlar la respiración en todas las fases del ejercicio físico, y no hacer apneas para que no aumente la TA.

Por eso, muchas veces cuando realizamos ejercicios explosivos (carreras de 100m, sprints) o realizamos trabajos de fuerza con cargas elevadas, podemos notar que nos duele la cabeza o nos mareamos. Ahora ya sabemos que es por un cambio brusco de la tensión arterial.

¿La posición del cuerpo afecta a nuestra Tensión Arterial?

A la hora de elegir un ejercicio, debemos tener en cuenta que si son exclusivamente de brazos o son ejercicios por encima del cuerpo, pueden producir aumentos considerables de la presión sistólica. La tensión arterial es más elevada en ejercicios que implican el uso de las extremidades superiores porque una menor masa muscular y un menor calibre de la vascularización de los brazos ofrecen mayor resistencia al flujo sanguíneo (3 11). El ejercicio con los brazos incrementa la demanda del corazón ya que se está aumentando el flujo sanguíneo sólo a estos (una pequeña porción de la masa corporal total). Por esta razón, ejercicios como cavar, atornillar muy intensamente o remar pueden producir problemas en personas hipertensas.

Para evitar maniobras de Valsalva, se debe prescindir de los ejercicios en los que la cabeza esté en un plano inferior al tronco, como podría ser un press de pecho declinado ya que aumentan la presión de los vasos dentro del cráneo (4 12).

En actividades gimnásticas, hemos de tener en cuenta que la inversión del cuerpo causa una elevación significativa en la presión sistólica y diastólica. Por ello, está contraindicada como método de entrenamiento en deportistas hipertensos que no estén acostumbrados a esta práctica deportiva. En menor medida, la posición semi-invertida de ciertos ejercicios de flexiones de brazos produce aumentos importantes de la presión arterial.

Los hipertensos también se deben evitar los cambios bruscos de posición por lo que hay que enseñar el procedimiento adecuado para levantarse, sentarse, acostarse… (5 13). Sin embargo, esto no solo se produce en hipertensos. Cualquier persona, cuando pasa de una posición en decúbito (tumbado) a estar erguidos pueden experimentar el síndrome de la “hipotensión ortostática”. Nosotros lo notamos como un mareo que se da cuando nos levantamos de golpe y que remite tas unos segundos (2 9) (6 14). Fisiológicamente, esto es debido a que en nuestro cuerpo se encuentran ciertos receptores que detectan los cambios bruscos en la presión sanguínea cuando la sangre pasa por ellos (seno carotideo y aorta). Al ponernos en pie la presión cae de golpe y los vasos se contraen para mantener la tensión arterial. Esto hace que los receptores noten que hay demasiada presión y estimulen a nuestro sistema nervioso (sistema parasimpático) para que se produzca:

  • Vasodilatación en las venas y las arterias.
  • Descenso de la frecuencia cardíaca.
  • Disminución de la fuerza del corazón para contraerse.

Esta incongruencia entre los sistemas es la que produce ese mareo y el tiempo que tarda en reajustarse es el tiempo que tardamos en que se nos pase el mareo (15) (16).

Ayudas Ergogénicas

¿Las ayudas ergogénicas puede modificar la Tensión Arterial?

Para hablar de ayudas ergogénicas y no de sustancias dopantes (totalmente contraindicadas), se han de respetar estos 3 aspectos dentro de la sustancia (17):

  • Seguridad: se deben conocer los efectos secundarios que puede producir al deportista a corto, medio y largo plazo. La seguridad es lo más importante.
  • Efectividad: deben tenerse en cuenta los efectos ergogénicos (efectos positivos sobre el rendimiento) y los ergolíticos (negativos) descritos en trabajos científicos correctos y aceptados por la comunidad científica internacional.
  • Legalidad: se debe conocer la normativa legal vigente sobre el uso de sustancias prohibidas en el deporte.

No todas las ayudas ergogénicas van a afectar a nuestra tensión arterial, pero sí que tenemos que tener en cuenta todos esos productos que lleven estimulantes del Sistema Nervioso Central como pueden ser la cafeína o la taurina (quema grasas, bebidas energéticas) ya que como expliqué en el artículo anterior, la tensión arterial depende de la FC y del volumen de sangre que pase por el torrente sanguíneo. Estos productos hacen que aumente la FC y, por ende, la tensión arterial.

También es importante una correcta hidratación, ya que al deshidratarnos perdemos volumen sanguíneo. El cuerpo nota esto como una señal de alarma haciendo que el corazón bombee más rápido y, en este caso, al no tener líquido que bombear, baja la tensión arterial como un fallo del sistema cardiovascular (18).

Por todo esto, es recomendable que todos los deportistas estén bien hidratados y que los que presenten problemas cardiovasculares vigilen la toma de ayudas ergogénicas con estimulantes.

Otras recomendaciones para personas con tensión arterial

  • Estrés: tanto el estrés físico como el emocional pueden afectar negativamente a nuestros niveles de tensión arterial debido a que se produce una respuesta excesiva de nuestro sistema nervioso simpático (19). Por ello, es recomendable iniciar las sesiones de ejercicio de una forma calmada y sin estrés innecesarios que puedan producir unos picos de tensión arterial contraproducentes para nuestro organismo. Aun así, es necesario mantener un mínimo nivel de estrés o estado de alerta para que nuestro rendimiento sea el mejor posible (20).
  • Ambiente: el estrés ambiental también puede afectar a nuestro organismo. Por todos es sabido que en ambientes muy calurosos la tensión arterial tiende a bajar por la deshidratación y la vasodilatación de la piel. Sabiendo esto debemos evitar situaciones de temperatura y humedad extrema para que nuestro organismo funcione de la forma más eficiente (21).

Siguiendo estos pasos reduciremos muchos los efectos adversos que pueda producir el ejercicio físico sobre nuestra tensión arterial. Debemos recordar que todas estas recomendaciones son generales y, hay que tener en cuenta que cada deportista es distinto, por lo que ante cualquier efecto adverso o duda que tengamos debemos consultar a los especialistas para que nuestro plan de entrenamiento sea lo más personalizado posible.

Respiración durante el ejercicio

Bibliografía

  1. Montes-Dominguez, L., Gómez-Salgado, J., & Perelló Campaner, C. (2008). Fundamentos de la Enfermería del Deporte. Madrid: FUDEN.
  2. Sistole. (2001). Riesgos y beneficios del ejercico físico en la HTA. Hipertensión 2001(238), 56-59.
  3. Casimiro, A., Prada, Á., Muyor, J., & Aliaga, M. (2005). Manual básico de prescripción de ejercicio físico para todos. Almeria: Universidad de Almeria.
  4. Wilmore, J., & Costill, D. (2007). Fisiologia del esfuerzo y del deporte (Sexta ed.). Barcelona: Paidotribo.
  5. Isidro, F., Heredis, J., Pinsach, P., & Costa, M. (2014). Manual del Entrenador Personal del Fitness al Wellness (Segunda ed.). Barcelona: Paidotribo.
  6. Montes Dominguez, L., Gómez Salgado, J., & García Alcaraz, F. (2008). Patología en el Deporte (Primera ed.). Madrid: FUDEN.
  7. Serra Grima, R., & Bagur Calafat, C. (2004). Prescripción de ejercicio físico para la salud (Primera ed.). Barcelona: Paidotribo.
  8. Martínez, C., Pérez González, R., Córdoba Vargas, L., Santín Peña, M., & Macías Castro, I. (1999). Programa nacional de prevención, diagnóstico, evaluación y control de la hipertensión arterial. Rev Cubana Med Gen Integr, 1(15), 46-88.
  9. American College of Sports Medice. (2004). Exercise and Hypertension. Medicine & Science In Sports & Exercise.
  10. Lopez-Chicharro, J., & Vaquero-Fernandez, A. (1995). Fisiologia del Ejercicio. En Panamericana (Ed.). Madrid.
  11. Serra Grima, R., & Bagur Calafat, C. (2004). Prescripción de ejercicio físico para la salud (Primera ed.). Barcelona: Paidotribo.
  12. Isidro, F., Heredis, J., Pinsach, P., & Costa, M. (2014). Manual del Entrenador Personal del Fitness al Wellness (Segunda ed.). Barcelona: Paidotribo.
  13. Jiménez-Gutiérrez, A. (2007). Entrenamiento Personal (Segunda ed.). Barcelona: INDE.
  14. Thibodeau, G., & Patton, K. (2007). Anatomia y Fisiología (Sexta ed.). Madrid: Elsevier.
  15. Martín-Escudero, P. (2010). Ejercicio físico en HTA y patologias concomiantes. Madrid: STADA.
  16. Sistole. (2001). Riesgos y beneficios del ejercico físico en la HTA. Hipertensión 2001(238), 56-59.
  17. Varela Moreiras, G., & Silvestro Castelló, D. (2012). Nutrición, vida activa y deporte. Madrid: IM&C.
  18. González-González, J. (2006). Ayudas ergogénicas y nutricionales (Primera ed.). Badalona: Paidotribo.
  19. Gómez-Ortiz, V., & Moreno, L. (2010). Factores psicosociales del trabajo (demanda-control y desbalance esfuerzo-recompensa), salud mental y tensión arterial: un estudio con maestros escolares en Bogotá, Colombia. Univ. Psychol, 9(2), 393-407.
  20. Ayora-Pérez, D., García-Ferriol, A., & Rubio-Swift, S. (1997). Factores del autoconcepto relacionados con el rendimiento de los adolescentes en Educación Fisica. Revista de psicología del deporte, 6(2), 59-73.
  21. Aragón-Vargas, L. (1999). Actividad Física en el Calor: Termorregulación e e Hidratación en América Latina. Biosystem Servicio Educativo.

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