Especialización deportiva en niños

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En este artículo analizamos la especialización deportiva en niños ¿estamos especializando muy temprano? La mayoría de niños y niñas practican algún deporte, ya sea como extraescolar o en un club deportivo. Los datos del IDESCAT muestran que en Cataluña, el deporte con más fichas federativas es el fútbol (131.292 fichas), seguido por el baloncesto (66.212 fichas) y luego encontramos deportes como el tenis (25.510 fichas), patinaje (16.440 fichas) o natación (14.256 fichas). Los padres y madres inscriben a sus hijos a practicar un deporte desde que son muy pequeños, con el fin de que los niños tengan un hábito saludable. Pero qué pasa con estos niños que inician a practicar un deporte desde muy pequeños? Realmente es saludable a los 7 años practicar 9 o 10 horas semanales en un único deporte?

La National Federation of State High School Associations afirma que en la última década, el número de niños y niñas que practican actividad física de manera organizada ha aumentado en un país donde la formación multidisciplinar está bien establecida. Consecuentemente, las lesiones en esta población de entre 5 y 18 años también han aumentado (Rugg et al., 2017). La especialización deportiva es un fenómeno cada vez más estudiado ya que actualmente hay más casos de lesiones en niños más pequeños y más casos de abandono del deporte. 

Pero realmente, ¿qué es la especialización deportiva?

La especialización deportiva es definida como el entrenamiento intensivo durante toda la temporada o todo el año en un único deporte en exclusión de otros deportes (Jayanthi et al., 2015; Myer et al., 2016; Rugg et al., 2017).

Un estudio reciente realizado con jugadores profesionales de baloncesto, describe las diferencias y las consecuencias entre los jugadores que durante su infancia y adolescencia han realizado múltiples deportes y los jugadores que sólo han realizado baloncesto. En este estudio, Rugg et al., (2017) estudian a 237 jugadores, de los cuales el 15% había practicado múltiples deportes en su infancia y adolescencia y el 85% sólo había realizado baloncesto. De estos, los que habían practicado más de un deporte, jugaron más partidos en la NBA que los jugadores que habían practicado sólo baloncesto (78.4% vs. 72.8%), tuvieron menos lesiones graves (25% vs. 43%) y un mayor número de jugadores todavía siguen activos en la liga (94% vs. 81.1%). Los jugadores que habían practicado múltiples deportes tienen más participación en la competición ya que tienen una incidencia lesiva menor y por lo tanto, tienen más disponibilidad en comparación con los jugadores que sólo han practicado un único deporte (Rugg et al., 2017). En esta línea, Post et al., (2017) estudian a 2.000 sujetos aproximadamente y observan que las probabilidades de sufrir una lesión son más elevadas en los jugadores con especialización deportiva en comparación de los que no lo están (91% vs. 45%).

Los niños que participan en deportes organizados, lo hacen alrededor de los 8 años. En esta edad ya hay tests de éxito deportivo y de comportamiento competitivo que se consideran cruciales para la detección, selección y seguimiento del desarrollo (Engebretsen et al., 2010; Malina, 2009). Desafortunadamente, las competiciones juveniles se organizan de acuerdo con el género y la edad cronológica del atleta, sin tener en cuenta la maduración biológica y el desarrollo conductual. Por lo tanto, en el momento de decidir los jugadores talentosos, a menudo esta decisión es a favor de aquellos con un estado de madurez temprana respecto a los jugadores que maduran más tarde. Además, estos jugadores se someten a muchas horas de entrenamiento con cargas muy elevadas (Helsen et al., 2005; Malina, 2009; Vaeyens et al., 2008).

La American Academy of Pediatrics resalta el riesgo de centrarse en un solo deporte con jugadores jóvenes desde el punto de vista físico y pero sobre todo, fisiológico y psicológico (Committee on Sports Medicine and Fitness, 2000). Este comité sugiere que deportistas jóvenes no deben tener una especialización deportiva prematura y sobre todo antes de la adolescencia. Las preocupaciones relacionadas con la especialización deportiva se basan en el riesgo de lesión (Brenner, 2007; DiFiori, 2010) y el desgaste psicológico. Este desgaste psicológico también se denomina burnout (Malina, 2010). 

¿Cuando se considera que un niño está especializado?

Para conocer si un jugador está especializado, Jayanthi et al., (2015) describen tres indicadores que también nos ayudan a conocer el grado de especialización deportiva:

  • Elegir un deporte principal sin dejar de practicar deportes secundarios.
  • Participar durante todo el año en un deporte organizado (> 8 meses por año).
  • Centrarse sólo con el deporte principal y dejar de practicar los deportes secundarios.

El grado de especialización deportiva será bajo, moderado o alto en función del número de indicadores anteriores que se establezcan como positivos. Los que cumplan los 3 indicadores, se pueden considerar altamente especializados. Los que cumplen 2, se consideran moderadamente especializados y los que sólo cumplen 1 tienen un grado muy bajo de especialización. Si el jugador cumple los tres indicadores, el riesgo de sufrir una lesión es elevado. Además, el riesgo de sufrir lesiones de sobreuso si se cumplen los tres indicadores es muy elevado independientemente de la edad, sexo y horas semanales de entrenamiento (Jayanthi et al., 2015). Sin embargo, los ratios y porcentajes de especialización varían en función del deporte y todavía no están bien definidos en los deportes colectivos como fútbol o baloncesto. En cambio, los deportes individuales como tenis, gimnasia o natación se han estudiado de forma más amplia ya que son deportes donde los niños se especializan muy pronto (Rugg et al., 2017).

¿Cuáles son las consecuencias de esta especialización deportiva?

La principal consecuencia de la especialización deportiva prematura es el aumento del riesgo de lesión. La siguiente tabla muestra la diferencia entre el número de lesiones de los jugadores que se especializaron y los que no.

Especialización deportiva en niños
Tabla 1. Lesiones registradas durante el período estudiado para los jugadores que han practicado múltiples deportes y un único deporte  (Rugg et al., 2018).

En cuanto a las lesiones, las que más se producen en los jugadores especializados son las lesiones de sobreuso o sobrecarga (DiFiori et al., 2014; Jayanthi et al., 2015, Post et al., 2017; Rugg et al., 2017). A diferencia de las lesiones traumáticas, las cuales son causadas por un solo evento, las lesiones de sobreuso menudo son el resultado de muchos traumas pequeños y repetidos (Fuller et al., 2007). DiFoiri et al., (2014) describe que las lesiones de sobreuso se producen debido a una carga submáxima repetida del sistema músculo-esquelético cuando el descanso no es adecuado para permitir la adaptación estructural. Durante la práctica deportiva, esta carga repetida a las estructuras es en forma de microtrauma. Si hay suficiente recuperación, el tejido se adapta al estrés. Sin embargo, si el estrés es excesivo o no hay suficiente recuperación, se daña la estructura. Estos desequilibrios entre las cargas y la recuperación es un factor clave para los atletas jóvenes, ya que su sistema músculo-esquelético aún es inmaduro.

Las lesiones de sobreuso toman más importancia en los jugadores jóvenes, ya que un 50% de lesiones observadas en la medicina deportiva pediátrica están relacionadas con la sobrecarga. Este hecho es debido a que el sistema óseo de los jugadores en formación no pueden soportar tanto estrés como el sistema óseo de los jugadores adultos. Este daño se puede producir en el hueso, el músculo o el tendón (Brenner y Care, 2007). Por ejemplo, uno de los dolores más frecuentes en los jugadores más jóvenes es en la parte anterior de la rodilla. A principios de la adolescencia, este dolor se debe generalmente a la enfermedad de Osgood-Schlatter, mientras que en la posterior adolescencia, aparece el síndrome patelofemoral (DiFoiri et al., 2014).

En el estudio de Jayanthi et al., (2015), los deportistas que sufrieron una lesión de sobreuso describieron uno o más de estos indicadores:

  • Los jugadores que hicieron más de 16 horas de actividades deportivas organizadas.
  • Los jugadores que practicaron sólo un deporte durante más de 8 meses.
  • Los jugadores que practicaron un numero de horas más elevado que su edad de cualquier deporte organizado.

Las lesiones deportivas de sobrecarga en jugadores jóvenes son de entre el 45% y el 54%. Además hay una preocupación de que estas lesiones aumenten. Jayanthi et al., (2015) añade que las probabilidades de sufrir una lesión son entre del 26% al 85% más altas en jugadores jóvenes que sobrepasan el volumen de entrenamiento recomendado con respecto a los meses por año y las horas para semana.

Otra consecuencia de la especialización deportiva prematura es el burnout. El burnout es un síndrome de estrés deportivo. Las consecuencias de éste son fisiológicas y conductuales. En cuanto a las fisiológicas, el burnout provoca tensión, fatiga, irritabilidad en desacuerdo al momento deportivo, dificultad para experimentar emociones positivas como la ilusión, expectativas positivas o energía, desórdenes de sueño, mayor susceptibilidad para padecer enfermedades y tendencia a que desaparezca el entusiasmo en el deporte. Las consecuencias conductuales requieren un descenso en el nivel de eficiencia, aumento de retirada psicológica, mayor desorganización conductual en diversos planes vitales, disminución de recursos y finalmente, abandono (García-Jarillo, De Francisco, y Garcés de Los Fayos, 2016).

Si los deportistas realizan especialización deportiva en un deporte, es posible que a lo largo del tiempo puedan sufrir un sobreentrenamiento ya que el burnout no es un síndrome repentina sino que se desarrolla a largo plazo. Se asocia con las percepciones del atleta que no puede satisfacer las demandas físicas o psicológicas que se le imponen. Los signos de estrés crónico incluyen agitación, trastornos de sueño, pérdida de interés en la práctica, depresión, falta de energía, erupciones cutáneas, náuseas y enfermedades frecuentes (Malina, 2010).

Por lo tanto, ¿porqué practicar múltiples deportes y no especializar a los niños?

Fransen et al., (2013) estudiaron un grupo de niños de entre 6 y 12 años y observaron que la participación en múltiples deportes tuvo una influencia positiva en la coordinación motora general, la velocidad, la resistencia y la fuerza. Abertenthy et al., (2005) encontraron que la formación en la toma de decisiones en jugadores profesionales es más fácil en jugadores que han tenido más experiencias deportivas durante su infancia y adolescencia. Los jugadores que tuvieron una exposición más amplia en diferentes deportes, adquiere más riqueza motora y ayuda al desarrollo final hacia un único deporte.

Relacionado con las lesiones, los autores como Hall et al., (2012) y Ladenhauf et al., (2013) describen que los jugadores que han practicado múltiples deportes, tienen un mejor desarrollo neuromuscular y una incidencia menor de lesiones. Por ejemplo, en chicas jóvenes que han practicado múltiples deportes tienen menos probabilidades de sufrir lesiones de sobreuso o de desequilibrios musculares en la rodilla. Rugg et al., (2017) añaden que este efecto protector que tienen los jugadores que han realizado varios deportes, persiste durante años en las carreras profesionales de los deportistas.

¿Cómo evitamos la especialización deportiva?

Una opción para evitar la especialización deportiva es que los niños y niñas realicen dos deportes organizados diferentes durante una misma temporada. Además, las horas en estos deportes organizados no debe superar su edad (si el niño tiene 10 años, no más de 10 horas semanales en deporte organizado). Por otra parte, varios autores sugieren que se debería trabajar más el juego libre y la actividad física no estructurada en deportistas jóvenes (Myer et al., 2016). En esta línea, Cronin et al., (2017) realiza una propuesta para trabajar nuevas habilidades motrices es a partir de juegos y deportes modificados. Los juegos modificados son juegos en los que modificando o manipulando las restricciones de la tarea, cambia la experiencia de los jugadores. Lo que se pretende modificar con estos juegos son las reglas, el número de jugadores, los espacios de juego, entre otros. De este modo, en lugar del tradicional juego, mejoramos la participación y el desarrollo a fin de que los jugadores puedan mejorar las habilidades físicas. En la elección del juego modificado y sus reglas también pueden participar los propios jugadores.

Las restricciones son un marco potencial ya que condicionan la adquisición de habilidades. En funciones de las restricciones o los límites que se definan, los jugadores tendrán que desarrollar unas habilidades y aptitudes para tener éxito en el juego. Por lo tanto, esta perspectiva restringida enajena con un enfoque pedagógico ya que proporciona oportunidades para desarrollar soluciones de movimiento funcional en la práctica centrada en estos juegos modificados. Así pues, a partir de estos juegos, podemos introducir habilidades nuevas y diferentes al deporte que los niños ya practican habitualmente.

Propuestas para evitar la especialización deportiva

A continuación se describen algunos criterios a tener en cuenta para evitar esta especialización deportiva.

Las propuestas dirigidas a los padres y madres de los jugadores son:

  • Incentivar a los niños a practicar más actividad física variada en el tiempo libre y sustituirlo por el uso de las nuevas tecnologías.
  • Inscribir a los niños en dos o más deportes federados durante una temporada (de septiembre a junio).
  • Las horas semanales de práctica deportiva no deben ser mayores que la edad de los niños (si el niño tiene 10 años, no realizar más de 10 horas semanales de actividad física).

Las propuestas dirigidas a los clubes deportivos y entrenadores:

  • Crear espacios dentro del propio deporte para trabajar diferentes tareas con una gran variedad y riqueza de habilidades motrices básicas. Una propuesta sería realizar estas tareas a los primeros 15 minutos de cada sesión.

Las propuestas dirigidas a las federaciones deportivas:

  • Realizar un programa de multideportes donde colaboren las diferentes federaciones deportivas catalanas para crear un espacio dentro de cada deporte donde haya esta diversidad.

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AUTORClàudia Alba Jiménez. Estudiante del Máster de Entrenamiento Deportivo, Actividad Física i Salud. Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación i del Deporte. Blanquerna – Universidad Ramon Llull

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