La embolia pulmonar es una obstrucción de una arteria del pulmón, casi siempre causada por un coágulo de sangre que viaja desde otra parte del cuerpo, generalmente las piernas.
Puede provocar falta de aire, dolor en el pecho, tos y, en casos graves, desmayo o muerte.
La forma de diagnóstico incluye pruebas como Dímero D, angiotomografía computarizada (Angio Tc) o la ecografía de piernas. Entre sus tratamientos principales se incluyen anticoagulantes, trombólicos y procedimientos quirúrgicos.
¿Qué es una embolia pulmonar y por qué ocurre?
Una embolia pulmonar ocurre cuando una o más arterias de los pulmones quedan bloqueadas por un coágulo de sangre.
Este bloqueo no es un problema que se origine directamente en el pulmón; en la inmensa mayoría de los casos, el coágulo viaja desde otra parte del cuerpo, interrumpiendo bruscamente el flujo sanguíneo y poniendo en riesgo la vida si no se trata a tiempo (1).
Para entender cómo se produce, los médicos e investigadores suelen seguir la ruta de un fenómeno conocido como tromboembolia.
El proceso ocurre en tres fases principales:
1. El origen: Trombosis Venosa Profunda (TVP)
Casi el 90% de las embolias pulmonares comienzan como una Trombosis Venosa Profunda. Esto significa que se forma un coágulo de sangre (un trombo) en una vena profunda del cuerpo, generalmente en las piernas (los muslos o las pantorrillas) o, con menos frecuencia, en los brazos o la pelvis (1,4).
Esto suele pasar por tres razones principales (un concepto médico llamado la Tríada de Virchow):
- Flujo sanguíneo lento: Pasar mucho tiempo sin mover las piernas (estar postrado en cama por una cirugía, viajes en avión de muchas horas).
- Daño en las venas: Lesiones sufridas por fracturas, daños musculares o cirugías mayores.
- Sangre más espesa (Hipercoagulabilidad): Ciertos medicamentos (como anticonceptivos), el tabaquismo, el cáncer o factores genéticos que hacen que la sangre se coagule más rápido de lo normal.
2. El desprendimiento
Por la presión del movimiento o por la propia dinámica circulatoria, un fragmento de ese coágulo (o el coágulo entero) se desprende de la pared de la vena (1,4).
Al momento en que empieza a viajar libremente por el torrente sanguíneo, deja de llamarse trombo y se convierte en un émbolo.
3. El impacto en el pulmón
El émbolo viaja impulsado por la corriente sanguínea hacia el corazón. Entra por el lado derecho del corazón, encargado de bombear la sangre sin oxígeno hacia los pulmones para que se recargue (4).
Las arterias que van hacia los pulmones se van dividiendo en ramas cada vez más estrechas. Cuando el coágulo llega a una arteria que es más delgada que su propio tamaño, se queda atascado.
¿Qué pasa cuando se obstruye la arteria?
Al taparse la vía, esa zona del pulmón deja de recibir sangre (un proceso llamado infarto pulmonar), lo que dificulta drásticamente que el oxígeno pase al resto del cuerpo (4).
Además, el corazón tiene que trabajar el doble de rápido y con mucha más fuerza para intentar empujar la sangre a través del bloqueo, lo que puede provocar un fallo en el corazón de forma repentina (4).
Síntomas de la embolia pulmonar: cómo detectarlos a tiempo
Para hacer frente a la embolia pulmonar es muy importante saber cómo detectar los síntomas principales a tiempo:
Disnea o dificultad para respirar
Es el síntomas más común que suele aparecer de forma repentina. El paciente nota cómo sus pulmones no consiguen llenarse de aire por más que inspire.
Ocurre porque al bloquearse la arteria pulmonar una parte del pulmón deja de recibir sangre. Como esa zona no puede realizar el intercambio de gases (captar oxígeno y expulsar dióxido de carbono), el cerebro envía una señal de pánico para acelerar la respiración, provocando la sensación de ahogo (6).
Dolor en el pecho (Dolor pleurítico)
Este dolor suele ser agudo y punzante, similar a una «punzada de navaja». Una característica clave para el diagnóstico de la embolia pulmonar es que este dolor en el pecho empeora notablemente al inspirar profundo, toser, reír o agacharse.
Por qué ocurre: Se produce por la inflamación de la pleura (la membrana que recubre los pulmones) debido a la falta de riego sanguíneo en la zona afectada por el coágulo (6).
Tos inesperada y hemoptisis
La tos aparece de forma imprevista y no está asociada a un resfriado común. En casos más severos, puede ir acompañada de hemoptisis, que es la expulsión de esputo o flemas con hilos de sangre.
Por qué ocurre: La obstrucción del flujo sanguíneo puede causar una pequeña lesión o infarto en el tejido pulmonar, lo que provoca la filtración de una pequeña cantidad de sangre hacia los alvéolos y las vías respiratorias (5).
Mareos, síncope (desmayos) y sudoración fría
Estos síntomas indican que la embolia pulmonar está afectando a todo el sistema cardiovascular. El paciente puede sentirse repentinamente débil, aturdido, comenzar a sudar frío o incluso perder el conocimiento (síncope).
Por qué ocurre: Si el coágulo es grande, bloquea tanta sangre que el corazón derecho se sobrecarga y no puede bombear suficiente sangre hacia el resto del cuerpo. Esto provoca una caída drástica de la presión arterial (hipotensión), haciendo que llegue menos oxígeno al cerebro (7).
Causas comunes y factores de riesgo
La embolia pulmonar no ocurre de la noche a la mañana por azar. En casi todos los casos, se produce porque existen ciertas condiciones que ralentizan la circulación de la sangre, dañan los vasos sanguíneos o alteran la coagulación.
A continuación, dividimos estos desencadenantes en tres categorías clave (8,9):
1. Inmovilidad y problemas de flujo sanguíneo (Factores temporales)
Cuando los músculos de las piernas no se mueven durante mucho tiempo, la sangre se estanca en las venas, lo que facilita enormemente la formación de coágulos, y, por tanto, una embolia pulmonar:
- Reposo prolongado en cama: Estar hospitalizado o convaleciente en casa debido a una enfermedad grave.
- Cirugías mayores: Especialmente las operaciones de cadera, rodilla o cirugías abdominales complejas aumentan el riesgo drásticamente tanto por la inmovilidad posterior como por la inflamación del procedimiento.
- Viajes largos: Pasar más de 4 horas seguidas sentado en un avión, coche o tren reduce el flujo de retorno de las piernas (el famoso «síndrome de la clase turista»).
2. Condiciones médicas crónicas y genética (Factores biológicos)
Ciertas enfermedades cambian la composición de la sangre o alteran la superficie interna de las venas:
- Cáncer y sus tratamientos: Algunos tipos de tumores malignos liberan sustancias que aumentan la viscosidad de la sangre. Además, la quimioterapia eleva aún más este riesgo.
- Enfermedades cardíacas: La insuficiencia cardíaca o las arritmias dificultan que el corazón bombee sangre de manera eficiente, favoreciendo el estancamiento sanguíneo.
- Trastornos de la coagulación hereditarios: Mutaciones genéticas como el Factor V Leiden hacen que la sangre sea genéticamente más propensa a formar trombos.
3. Factores de estilo de vida y hormonales
Existen decisiones diarias y etapas biológicas que multiplican las probabilidades de sufrir una embolia pulmonar:
- Tabaquismo: El cigarrillo daña el revestimiento de los vasos sanguíneos y afecta la coagulación.
- Sobrepeso u obesidad: Aumenta la presión en las venas de la pelvis y las piernas, dificultando el retorno de la sangre al corazón.
- Uso de estrógenos: Los anticonceptivos orales (pastillas) y la terapia de reemplazo hormonal elevan los factores de coagulación en la sangre, sobre todo si se combinan con el tabaco.
- Embarazo: El peso del bebé presiona las venas de la pelvis y el cuerpo aumenta de forma natural la capacidad de coagulación para evitar hemorragias durante el parto, un riesgo que se mantiene hasta varias semanas después de dar a luz.
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¿Cómo se diagnostica y cuál es su tratamiento?
Detectar una embolia pulmonar a tiempo puede ser un reto porque sus síntomas se parecen a los de un infarto o una crisis de ansiedad. Por eso, los médicos utilizan una combinación de análisis de laboratorio y tecnologías de imagen de alta precisión:
- Prueba del Dímero D: Es un análisis de sangre que mide una sustancia que se libera cuando un coágulo de sangre se está desintegrando. Si el resultado es negativo, es prácticamente seguro que no hay una embolia. Sin embargo, un resultado positivo no siempre confirma la embolia (puede elevarse por cirugías o infecciones), por lo que se necesitan más pruebas.
- Angiotomografía computarizada (Angio-TC) pulmonar: Es la prueba reina y el estándar de oro para el diagnóstico. Es una tomografía (escáner) rápida que utiliza un contraste yodado inyectado en las venas para obtener imágenes en 3D de las arterias del pulmón. Permite ver con total claridad el lugar exacto donde está atascado el coágulo.
- Ecografía Doppler de las piernas: Como la mayoría de las embolias pulmonares nacen de una Trombosis Venosa Profunda (TVP), se realiza un ultrasonido en las piernas para buscar coágulos remanentes en las venas profundas. Si se encuentran, ayuda a confirmar el origen del problema.
Opciones de tratamiento
El tratamiento de la embolia pulmonar tiene dos objetivos inmediatos: detener el crecimiento del coágulo actual para evitar que cause un daño mortal y prevenir la formación de nuevos trombos en el futuro.
Dependiendo de la gravedad del paciente, se aplican tres niveles de intervención para la embolia pulmonar:
-
- Anticoagulantes (Tratamiento estándar): Para la mayoría de los pacientes son medicamentos (como la heparina inyectada o los anticoagulantes orales directos) que no disuelven el coágulo de inmediato, sino que evitan que se haga más grande y permiten que el propio cuerpo lo reabsorba de forma natural con el tiempo. Se suelen mantener entre 3 y 6 meses, o incluso de por vida si el riesgo de repetición es alto.
- Trombolíticos (Disolventes de coágulos): Para casos de emergencia grave de embolia pulmonar
Conocidos coloquialmente como «rompecoágulos», son fármacos potentes que se administran por vía intravenosa únicamente cuando la embolia es masiva y pone en peligro inmediato la vida del paciente (por ejemplo, si causa una caída severa de la presión arterial o un choque cardiogénico). Tienen un riesgo alto de provocar hemorragias, por lo que su uso está muy controlado. - Procedimientos quirúrgicos y catéteres: Cuando los medicamentos no son una opción para tratar la embolia pulmonar. Si el paciente no puede recibir fármacos debido a un riesgo extremo de sangrado, se recurre a la intervención mecánica.
¿Se puede prevenir una embolia pulmonar?
La prevención de una embolia pulmonar se divide en dos escenarios: los hábitos que cualquier persona puede adoptar en su día a día y las medidas médicas estrictas que se deben tomar durante situaciones de alto riesgo (como cirugías u hospitalizaciones).
Prevención en el día a día y viajes largos
Si pasas muchas horas sentado por motivos de trabajo o vas a realizar un viaje de más de 4 horas en avión, coche o tren, tu circulación se ralentiza. Sigue estas pautas para prevenir una embolia pulmonar:
- Activa tus piernas: Levántate y camina durante 5 o 10 minutos por cada hora o dos horas de viaje o trabajo de escritorio. Si no puedes levantarte, realiza movimientos circulares con los tobillos y estira las pantorrillas en tu asiento.
- Mantén una hidratación abundante: Beber suficiente agua durante el día evita que la sangre se vuelva más densa y viscosa, reduciendo la tendencia natural a formar coágulos.
- Evita la ropa excesivamente ajustada: Las prendas muy apretadas en la cintura, las ingles o los muslos pueden interrumpir el retorno correcto de la sangre hacia el corazón.
Usa medias de compresión graduada: Si tienes varices o antecedentes de mala circulación, estas medias ejercen una presión suave que ayuda a las venas a empujar la sangre hacia arriba de manera eficiente.
Cambios en el estilo de vida a largo plazo
Controlar los factores de riesgo modificables disminuye la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares graves como la embolia pulmonar:
- Abandona el tabaco: El tabaquismo daña directamente las paredes arteriales y venosas y altera los factores de coagulación.
- Mantén un peso saludable: Disminuir el exceso de grasa corporal reduce la presión intraabdominal, lo que facilita que la sangre de las piernas regrese al corazón sin resistencia.
Prevención en entornos médicos (Profilaxis)
Si vas a someterte a una cirugía mayor o vas a pasar días postrado en una cama de hospital, el equipo médico aplicará medidas preventivas estables para impedir la embolia pulmonar:
- Anticoagulantes preventivos: Dosis bajas de heparina inyectable para evitar que se formen coágulos mientras estás inmóvil.
- Movilización temprana: Los médicos e instructores te pedirán que te pongas de pie y camines lo antes posible después de una operación; el movimiento es el mejor antídoto contra la trombosis.
Embolia Pulmonar – Preguntas frecuentes
1. ¿Cuánto tiempo tarda en recuperarse una persona de una embolia pulmonar?
La recuperación total suele tardar entre 3 y 6 meses, aunque varía según la gravedad del caso. Durante este tiempo, el paciente debe tomar medicamentos anticoagulantes para disolver el coágulo de forma natural y evitar nuevos episodios. Muchos pacientes retoman sus actividades normales en unas semanas, pero es común sentir cansancio o una ligera falta de aire al hacer esfuerzos durante los primeros meses. El seguimiento médico constante es indispensable.
2. ¿Cuál es la diferencia entre un infarto y una embolia pulmonar?
Aunque ambos son emergencias cardiovasculares causadas por una obstrucción, se originan en lugares distintos. Un infarto cardíaco ocurre cuando se bloquea una arteria coronaria, interrumpiendo el flujo de sangre directamente al músculo del corazón. En cambio, una embolia pulmonar sucede cuando un coágulo (generalmente formado en las venas de las piernas) viaja por el torrente sanguíneo hasta atascarse en las arterias de los pulmones, afectando la oxigenación general.
3. ¿Una embolia pulmonar es siempre mortal?
No, no siempre es mortal. Si se detecta a tiempo y se administra tratamiento médico inmediato, la tasa de supervivencia es bastante alta. El peligro de muerte aumenta significativamente si la embolia es masiva (bloquea una arteria principal) o si los síntomas se ignoran y no se busca atención médica de urgencia. La rapidez con la que se inicie la terapia con anticoagulantes es el factor más determinante.
4. ¿Se puede viajar en avión después de haber tenido una embolia pulmonar?
Sí, pero no de inmediato. Generalmente, los médicos recomiendan esperar entre 2 y 4 semanas tras el evento agudo, y siempre bajo tratamiento anticoagulante activo. Durante vuelos que superen las cuatro horas, es obligatorio tomar medidas de precaución como levantarse a caminar cada hora, realizar ejercicios con los tobillos desde el asiento, mantenerse muy bien hidratado y, si el especialista lo indica, utilizar medias de compresión graduada.
5. ¿Qué secuelas puede dejar una embolia pulmonar?
La mayoría de las personas se recupera por completo sin secuelas permanentes. Sin embargo, algunos pacientes pueden desarrollar hipertensión pulmonar tromboembólica crónica, una condición donde la presión en las arterias pulmonares se mantiene alta, provocando fatiga crónica y dificultad para respirar a largo plazo. Además, haber tenido una embolia eleva el riesgo de sufrir nuevos coágulos en el futuro, requiriendo un control estricto de los factores de riesgo.
6. ¿Cómo se siente el dolor en el pecho por una embolia pulmonar?
El dolor suele describirse como agudo, punzante y localizado, similar a una puñalada. Una característica fundamental para diferenciarlo de otros dolores es que empeora notablemente al realizar una inspiración profunda, al toser, reír o hacer esfuerzos físicos. A diferencia del dolor de un infarto, que suele irradiarse hacia el brazo izquierdo o la mandíbula y sentirse como una opresión pesada, este dolor está directamente ligado a la respiración.
7. ¿Los anticonceptivos pueden causar una embolia pulmonar?
Los anticonceptivos hormonales combinados (que contienen estrógeno y progestágenos) elevan el riesgo de formar coágulos porque alteran ligeramente los factores de coagulación de la sangre. Aunque el riesgo absoluto para una mujer joven y sana sigue siendo bajo, este se multiplica drásticamente si se combina con otros factores de riesgo importantes como el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo prolongado o antecedentes familiares de trombosis.
8. ¿Qué es el síndrome de la clase turista y cómo se relaciona?
El «síndrome de la clase turista» es el término popular que se le da a la formación de coágulos en las piernas debido a la inmovilidad prolongada durante viajes largos, habitualmente en vuelos comerciales en espacios reducidos. Al pasar muchas horas sentado sin mover las extremidades inferiores, la sangre se estanca en las venas profundas. Si uno de esos coágulos se desprende y viaja a los pulmones, desencadena una embolia pulmonar.
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