Glúteo mayor e hiperlordosis, el secreto evolutivo

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El glúteo mayor es uno de los músculos más voluminosos y más fuertes del cuerpo.  Constituye el 12,8% de la masa muscular total que posee los miembros inferiores (4) .

Se origina en la cara posterior del sacro y del coxis así como en la parte posterior de a fosa iliaca. Terminando en la cresta externa de la línea áspera (parte superior) mientras que el plano superficial lo hace en la fascia lata.

Consta de un plano más superficial y otro más profundo.

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Imagen 1. Visión anatómica del glúteo mayor.

Funciones del glúteo mayor

Cuando el fémur está fijado y contraemos los dos glúteos a la vez se efectúa una retroversión pélvica. Si por el contrario es el iliaco el que está fijado , se produce una extensión de cadera (fémur hacia atrás) con una ligera adducción y rotación externa.

Si la contracción se produce de manera unilateral, el iliaco se mueve en retroversión, rotación interna e inclinación lateral (1).

No solo es un extensor de cadera sino que también tiene un papel fundamental como estabilizador de la pelvis y del raquis cuando su contracción se produce de manera simétrica por los dos glúteos mayores. De gran importancia para el ser humano puesto que su principal función es la de ayudarnos en el mantenimiento de la bipedestación. (11,13,16,18)

Su mayor influencia como extensor de la pelvis es cuando la cadera se encuentra a 70º de flexión (9).

Alcanza un considerable protagonismo cuando la persona debe recoger una carga pesada del suelo usando una postura de: rodillas flexionadas y espalda recta (14).

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Imagen 2. Levantamiento de una carga con activación de los glúteos.

En el ámbito deportivo podemos verlo en halterofilia durante la fase inicial del levantamiento de la barra.

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Imagen 3. La haterófila se dispone a levantar una carga. Se requiere una activación muy elevada de los glúteos para poder levantar la barra.

¿Cómo ha evolucionada el glúteo antropológicamente?

El ser humano nace en África hace unos 4 millones de años aproximadamente. Para su desplazamiento utiliza la cuadrupedia (manos y pies), una manera de desplazarse con un elevado gasto energético. Con la evolución se produce un cambio configurativo de la pelvis así como un estrechamiento del conducto natal (15). Producto de estos cambios se producen unas limitaciones en el crecimiento del feto. Es por ello que la madre debe gestar el feto con antelación para evitar que un crecimiento excesivo del cráneo pudiera evitar el parto.  La gestación se produce en este momento de manera extrauterina.

La bipedestación produce un efecto drástico sobre los seres humanos, liberando los miembros superiores, lo que nos proporciona libertad para manipular y fabricar herramientas (17).

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Imagen 4. El ser humano ha pasado de caminar sobre sus cuatro extremidades a la bipedestación.

La pelvis a sufrido una considerable verticalización y retroversión debido a la bipedestación. Como podemos observar en la siguiente imagen (imagen 10), los chimpancés poseen un canal de parto mucho mayor que el ser humano. Esto les ayuda a conservar durante más tiempo al feto de manera intrauterina, alargando la madurez de la gestación. Es por ello que los chimpancés recién nacidos tienen una mayor autonomía que la de un humano.

Los humanos con la verticalización pélvica obtenemos un desarrollo cerebral mayor que marca diferencias entre las especies. La manipulación de los objetos nos ayuda  poder comer alimentos más ricos, nutricionalmente hablando. Esto favorece aún más si cabe el desarrollo de nuestro cerebro y es por lo que el ser humano antepone las ventajas obtenidas a los perjuicios obtenidos de parir crías inmaduras.

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Imagen 5. Cambios evolutivos en la morfología de la pelvis.

¿Qué debemos de entender de la evolución humana y la lordosis lumbar?

Con la bipedestación comienza a reforzarse los músculos erectores de la espalda y entra en funcionamiento la cadena muscular posterior. Los glúteos sufren un desarrollo en la masa muscular y fuerza, con la finalidad de mantener la pelvis en extensión favoreciendo de esta manera la posición bípeda. La lordosis lumbar cobra un mayor protagonismo en el mantenimiento de la postura erguida.

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Imagen 6. Con la bipedestación el glúteo mayor cobra un mayor protagonismo.

¿Qué es la hiperlordosis?

Nuestro raquis conserva 3 curvas naturales que son las que nos ayudan estructuralmente a conservar la espalda erguida y estable. Encontramos una lordosis cervical, una cifosis dorsal y una lordosis lumbar.

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Imagen 7. Curvas del raquis.

Cuando hallamos un déficit de activación en los músculos glúteos y en la pared abdominal nuestra cadera experimenta un movimiento de anterversión. Provocando a la vez un exceso en la curva lumbar, a la cual le llamaremos hiperlordosis (mayor lordosis de la natural).

Conservar una hiperlordosis nos provocará a lo largo del tiempo una patología derivada de este estado mantenido. Es por ello que la persona que presente esta alteración deberá de ponerse en manos de un profesional de la salud para el estudio y corrección de la hiperlordosis lumbar.

Inhibición del glúteo y estilo de vida

Con el sedentarismo el glúteo emite una respuesta de desadaptación puesto que su función se ve relegada. Pasar horas y horas sentado va a provocar una inhibición en el glúteo y con ello una reducción gradual del tono muscular (6,10). La activación de este musculo llevará un retardo en el momento de su solicitación, puesto que la pérdida de funcionabilidad se verá afectada por las posiciones sedentarias. Pudiendo provocar severas lesiones y pérdida en el rendimiento deportivo.

La inhibición del glúteo acarrea dolores lumbares por compensación (aumento de la lordosis lumbar) y lesiones en los miembros inferiores fruto de este retardo en la activación muscular (2,5,8,20).

Glúteos y cambios de dirección

La cadera es una articulación imprescindible la cual debe gozar de una buena salud para un óptimo rendimiento deportivo. La extensión de cadera vendrá marcada por un trabajo impulsor del glúteo mayor, responsable de la estabilidad pélvica en los cambios de dirección. Junto al glúteo medio que nos proporcionará estabilidad lateral.

Tras los cambios de dirección se esconde una fase de desaceleración y una de aceleración. Esta primera se protagoniza por un descenso del centro de gravedad para una mayor fijación de los miembros inferiores sobre la superficie. Posterior a la desaceleración se produce una aceleración en un ángulo diferente al anterior.

El glúteo estará íntimamente ligado a este movimiento para proporcionar estabilidad a la cadera y una reducción en la fuga de la fuerza aplicada contra el suelo.

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Imagen 8. Jugadores de fútbol en un cambio de dirección.

¿Cómo corregimos la hiperdolordosis?

Los pacientes con dolores lumbares normalmente presentan una debilidad en el glúteo mayor. Provocado en muchas ocasiones por un estilo de vida sedentario.(7)

El glúteo mayor proporciona estabilidad a la zona lumbar a través de la sinergia con el erector de la espalda y la fascia toraco-lumbar. (18,12).Sobre esta última ejercerá una tensión inferior que provocará un estiramiento sobre la propia fascia. Aumentando de esta manera la estabilidad vertebral.

La anteversión pélvica la corregimos mediante  los músculos extensores de cadera como son los isquiotibiales y glúteo mayor (4). Favoreciendo una retroversión (movimiento hacia atrás de la pelvis). Verticalizando el sacro y con ello una reducción de la hiperlordosis lumbar.

En los trabajos de la zona core será primordial mantener la pelvis en una posición neutra para no favorecer un estrés mecánico sobre los lumbares y con ello aumentar el riesgo de lesión espinal.

La protección lumbar es fundamental para el correcto desarrollo de la zona central abdominal del deportista.

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Imagen 9. Cambios anatómicos producto de la debilidad muscular en glúteos, isquiotibiales y abdominales.

Aplicando la retroversión pélvica para la seguridad laboral

La extensión pélvica que provoca los glúteos junto a la contracción abdominal  ha sido utilizada para la elaboración de diferentes mecanismos de seguridad. Por ejemplo, en la siguiente imagen podemos observar como el principio del arnés de seguridad se basa en la corrección lumbar y retroversión pélvica.

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Imagen 10. La retroversión pélvica se aplica en los sistemas de seguridad laboral para mantener la extensión de la pelvis.

Conclusiones

La evolución humana ha provocado que ciertos músculos obtengan un mayor protagonismo. La tendencia hacia un estilo de vida más sedentario va en contra de nuestra evolución. Y es por ello que aparecen lesiones que son consecuencia de debilidades musculares.

Sabemos que el glúteo mayor tiene una gran participación tanto en la marcha como en acciones de sprint o cambios de dirección.

Los cambios en la postura (pasar de erguidos a sentados) nos provocará acortamientos en psoas y erectores espinales. Y consecuentemente la aparición del dolor en la zona lumbar. Con un buen trabajo supervisado por un profesional  en CAFD, sobre la zona abdominal, isquiotibial y glúteo puede ayudarnos a evitar la persistencia de los dolores lumbares crónicos.

 Bibliografía

  1. Blandine Calais-Germain (1994). Anatomía para el movimiento. Tomo I.La liebre de Marzo. Barcelona.
  2. Bullock-Saxton JE, Janda V and Bullock MI (1994): The influence of ankle sprain injury on muscle activation during hip extension. International Journal of Sports Medicine 15: 130-134.
  3. Burger H, Valencic V, Marincek C and Kogovsek N (1996): Properties of musculus gluteus maximus in above-knee amputees. Clinical Biomechanics 11(1): 35-38.
  4. Chaitow, L. Y Walker DeLany, J. (2007). Aplicación clínica de las técnicas neuromusculares. Extremidades inferiores. Volumen 2.Editorial Paidotribo.Badalona.
  5. Freeman MAR, Dean MRE and Hanham IWF (1965): The aetiology and prevention of functional instability of the foot. Journal of Bone Joint Surgery 47: 578-685.
  6. Jenkins D (1998): Hollinshead’s functional anatomy of the limbs and back. (7th ed) Philadelphia; London; Boston: WB Saunders.
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  8. Leinonen V, Kankaapää M, Airaksinen O and Hanninen O (2000): Back and hip extensor activities during trunk flexion/extension: effects of low back pain and rehabilitation. Archives of Physical Medical Rehabilitation 81, 32-37.
  9. Levangie, C. y Norkin, P. (2001).Joint structureand function: a comprehensive analysis, 3rd edn. FA Davis, Philadelphia.
  10. Marzke MW, Longhill JM and Rasmussen SA (1988): Gluteus maximus muscle function and the origin of hominid bipedality. American Journal of Physical Anthropology 77, 519-528.
  11. Noe DA, Mostardi RA, Jackson, ME, Porterfield JA and Askew MJ (1992): Myoelectric activity and sequencing of selected trunk muscles during isokinetic lifting. Spine 17(2), 225-229.
  12. Snijders CJ, Vleeming A and Stoeckart R (1993): Transfer of lumbosacral load to iliac bones and legs. Clinical Biomechanics 8, 285-294.
  13. Snijders CJ, Vleeming A, Stoeckart R, et al.(1997).Biomechanics of the interface between the spine and pelvis in different postures. In: Vleeming A, Mooney V, Dorman T, et al. eds: Movement, Stability and Low Back Pain. Edinburgh, Churchill Livingstone, 103-113.
  14. Travell, J. Y simons, D. (1992). Myofascial pain ad dysfunction: the trigger point manual, vol 2.The lower extremities. Williams and Wilkins. Baltimore.
  15. Trevathan, W.R. (1987). Human birth: An evolutionary prespective.Hawthorne.
  16. Vakos JP, Nitz AJ, Threlkeld AJ, Shapiro R and Horn T (1994): Electromyographic activity of selected trunk and hip muscles during a squat lift. Spine 19(6), 687-695.
  17. Vauclair, J. Y Bard, K. (1983). Development of manipulations with objects in ape and human infants. Journal of human evolution. Vol 12. 631-645.
  18. Vleeming A, Van Wingerden JP, Snijders CJ, Stoeckart R and Stijnen T (1989): Load application to the sacrotuberous ligament; influences on sacroiliac joint mechanics. Clinical Biomechanics, 4(4), 204-209.
  19. Vleeming A, Pool-Goudzwaad AJ, Stoeckart R, et al(1995). The posterior layer of the thoracolumbar fascia: its function in load transfer from spine to legs. Spine 20: 753-758.
  20. Vogt L, Pfeifer K and Banzer W (2003): Neuromuscular control of walking with chronic low-back pain. Manual Therapy 8(1), 21-28.

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