3 pasos para destruír el futuro deportivo de un niño

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joven con una pelota

Educar a un niño no es tarea fácil. Tanto si eres docente como si eres padre o madre, la tarea de educar a un niño para por acompañar, guiar y orientar su aprendizaje en cada una de sus etapa psicoevolutivas es complejo. Autores como Piaget (3) describieron de forma idónea en diferentes ámbitos (cognitivo, social, afectivo y motriz) (3).

Son muchas las dudas existentes sobre cómo educar a los niños en el ámbito deportivo, cuándo iniciarlos y cómo hacerlo. Cada vez son más los padres que consiguen frustrar el futuro deportivo de sus hijos. Por lo tanto en el presente artículo me gustaría compartiros una serie de aspectos fundamentales para evitar que destruyas el futuro de tu hijo/a como deportista y este pueda ser un niño más competidor, más sano y feliz disfrutando de la actividad física en cualquier disciplina.

Error número 1: imponer las ambiciones personales sobre nuestro hijo

Debemos de caminar con cautela en cuanto a esto se refiere. Debemos de mostrar una comprensión total en el proceso de desarrollo de nuestros niños y desde edades tempranas sentar las bases para el aprendizaje de las habilidades motrices, abogando en todo momento por el respecto a las normas y a los compañeros y rivales por encima de la victoria. Debemos de ser pacientes en todo momento y no imponer nuestras ambiciones sobre nuestros hijos, ya que esto sólo acabará causando una presión innecesaria que muy probable remate con un abandono de la práctica deportiva.

Los padres que no vivieron la competición deportiva o simplemente no desarrollaron ciertas habilidades competitivas de un atleta pueden volcar una competición deportiva errónea a través del prima de su propio hijo. Otros en cambio, creen que el hijo representa una “segunda oportunidad” para intentar corregir ciertos errores de su pasado como deportistas. De cualquier modo, lo más relevante es comprender que un joven preadolescente tiene 3 motivaciones fundamentales para participar en un deporte:

  • La primera y la más importante es la diversión. El niño juega y hace deporte para divertirse, para evadirse. El juego constituye en el niño su actividad central. El niño no sólo juega por repetir situaciones placenteras, sino que también para elaborar las que le resultaron dolorosas. Al jugar exterioriza sus alegrías, miedos, angustias y es el propio juego quien le permite adquirir una serie de experiencias que responden a las necesidades específicas de las etapas del desarrollo (1,2, 4).
  • La segunda es socializarse. El niño juega para estar en contacto con otros compañeros y compañeras y vivenciar situaciones de colaboración que le producen placer y diversión.
  • La tercera es para complacer a los padres. En muchos casos el niño juega porque ve que causa aceptación y complacencia en sus padres.

Demasiados niños por desgracia, terminan realizando sólo deporte por esto último y estos rara vez perduran en su trayectoria deportiva, debido a que es un modo de revelación contra sus padres cuando acontecen situaciones de enfrentamiento.

“El juego permite adquirir experiencias que responden a las necesidades específicas de las etapas de desarrollo”.

jóvenes en el banquillo

Error número 2: que prime lo específico demasiado pronto

Una sobre-especialización temprana acabará causando el desastre. En los niños debe primar lo global sobre lo específico en cuanto a entrenamiento se refiere. Los métodos de entrenamiento deben ser globales y no analíticos, buscando que el niño adquiera un amplio bagaje motriz. Inicialmente trabajar contenidos asociados a la imagen y a la percepción, posteriormente afianzar habilidades motrices básicas y posteriormente afianzarlas mediante las tareas predeportivas o deportivas.

Si el niño o niña no dispone de una base adecuada, la especialización temprana sólo causará frustación y fracaso deportivo. Muchos jóvenes de hoy en día se someten a unos entrenamientos demasiado duros en cuanto a intensidad, en cuanto a volumen y en cuanto a frecuencia sin una base previa. Es importante tener en cuenta que los niños no disponen de una estructura suficientemente estable como para introducir entrenamiento de altos volúmenes, especialmente durante las fases del crecimiento. Lesiones de menisco, de discos vertebrales o tendones pueden ocasionar un daño irreversible en la carrera deportiva del joven.

El cuerpo de un niño no está diseñado para repetir de forma sistemática entrenamientos analíticos, sino para buscar la realización de ejercicios globales y multiarticulares. Como digo, el desarrollo de habilidades motrices, coordinación general, agilidad y fuerza (autocargas) son las propias para esta edad.

Un entrenador o padre/madre debe tener en cuenta las fases de desarrollo del niño y buscar un entrenamiento adecuado con coherencia, seguimiento, correcto volumen y descanso para facilitar la recuperación del organismo y en definitiva, el éxito deportivo de su hijo/a.

“El cuerpo de un niño no está diseñado para repetir de forma sistemática entrenamientos analíticos, sino para buscar la realización de ejercicios globales y multiarticulares”.

Error número 3: centrarse en una única disciplina deportiva

¿Cuánto más dediques a formarte y especializarte en un deporte mayor rendimiento conseguirás? Obvio que así es. Así lo demuestran multitud de deportistas en la actualidad que emplean infinidad de horas para seguir mejorando en sus disciplinas deportivas. Sin embargo esto no es extrapolable a los niños. Este error deja a muchos niños en la mitad del camino y terminan abocados al abondono de la práctica deportiva.

Ellos deben probar una amplia variedad de disciplinas deportivas, con el fin de disfrutar, aprender y buscar el amplio bagaje deportivo y motriz. Esto no sólo será enormemente saludable para ellos, sino que además, les permitirá adquirir una amplia variedad de patrones motores.

La participación en múltiples deportes permitirá incluso prevenir lesiones asociadas al exceso de especialización. Por ello, debemos siempre preguntar a nuestros hijos y tener en cuenta sus inquietudes y opiniones a cerca del deporte que les gustaría probar. Con el paso del tiempo reducirán su forma de enfocar y terminarán por decantarse por un deporte en donde ellos disfrutarán más y en donde ellos conseguirán además un mayor rendimiento a nivel social, motriz y cognitivo.

Si usted quiere que su hijo termine jugando al fútbol, pero el deseo del joven cambia, nada podrá hacer que compita de forma adecuada si no tiene el deseo o la voluntad por disfrutar en esa disciplina deportiva. Es probable entonces, que sus largas horas de dedicación y sus insistencias terminen en ninguna parte.

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Conclusión

El deporte es capaz por sí mismo de sacar lo mejor de una persona, de lograr adquirir valores y normas extrapolables a todos los ámbitos de nuestras vidas. Valores como la deportividad, el respeto, la responsabilidad, el juego limpio, la tolerancia y un largo etcétera.

La relación que usted tenga con su hijo marcará su futuro deportivo pero también su felicidad y su predisposición hacia realizar actividad física, por lo tanto tendrá una influencia futura en el propio bienestar del joven, en su salud y en su felicidad.

“El deporte es capaz por sí mismo de sacar lo mejor de una persona”.

jóvenes jugando

Bibliografía

  1. Berruezo P. P. y Lázaro A. (2009). Jugar por jugar. El juego en el desarrollo psicomotor y en el aprendizaje infantil. Sevilla: Eduforma
  2. Jiménez Domecq, MI. (2005). Jugar: la forma más divertida de educar. Madrid: Hacer Familia.
  3. Piaget, J., & Inhelder, B. (1973). Memory and intelligence. Londres: Routledge y Kegan Paul.
  4. Gil Madrona, P., Contreras Jordán, O., Gómez Barreto, I. (2008). Habilidades motrices en la infancia y su desarrollo desde una educación física animada, Revista Ibero-Americana, 47(1).
  5. Malina RM. (2010). Early sport specialization: Roots, effectiveness, risks. Curr Sports Med Rep 9(6):364–71.

2 Comentarios

  1. Interesante artículo. Como padre siempre te planteas si haces o dejas de hacer bien, sobre todo cuando no tiene experiencia previa en el mundo del deporte. Personalmente creo que una buena señal de que haces las cosas medio bien, es ver a tu hijo feliz practicando el deporte que él ha elegido.

    • Totalmente de acuerdo Javier. Esa es la clave. Tu hijo debe estar feliz realizando actividad física, sea cual sea la disciplina deportiva.

      Un saludo y gracias por leernos.

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