Lesión en el Ligamento Lateral Interno de la rodilla

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Ligamento Lateral Interno

En este artículo analizaremos la prevalencia de lesión en el Ligamento Lateral Interno de la rodilla dentro del fútbol.

Para empezar, la Actividad Física, y especialmente el deporte de competición, se encuentran bajo un reflujo de incidencia lesiva difícil de disminuir, debido a la interacción y prevalencia de los factores de riesgo neuromuscular, incitando un estado de deterioro o lesivo (1). Por lo tanto, conocer y analizar los elementos que rodean a las Lesiones Deportivas resulta de suma importancia.

Además, Bahr y Maehlum (2) propusieron clasificar el tipo de lesiones deportivas en función del mecanismo de producción y comienzo de los síntomas. Por lo cual, clasificaron las lesiones ligamentarias (producidas fundamentalmente por un traumatismo agudo, aunque pueden darse, raramente, por uso excesivo) de la siguiente forma:

  • Leve o Grado I: se caracteriza por existir daño estructural a nivel microscópico, sin embargo, hay escaso dolor local.
  • Moderado o Grado II: produce edema visible y dolor manifiesto, pero sin compromiso de la estabilidad articular, además, también se denominan desgarros parciales.
  • Grave o Grado III: provoca edema importante y en contraste con el Grado II, existe inestabilidad articular.

La articulación de la rodilla

En primer lugar, la rodilla es una articulación sinovial, de tipo troclear, con gran complejidad, constituida por huesos, meniscos, cápsula articular, músculos, tendones y ligamentos (3).

Además, es una articulación de dos grados de libertad, por esta razón sus movimientos corresponden a la flexo-extensión sobre el plano sagital y el eje transversal, y la rotación (interna y externa) en posición de flexión, sobre el plano horizontal y el eje longitudinal.

Nivel Óseo

Con respecto al sistema óseo, Góngora, Rosales, González y Pujals (4) establecen que la rodilla está formada por tres huesos (fémur, rótula y tibia) y por 3 articulaciones más pequeñas, dos articulaciones fémoro-tibiales (entre el fémur y la tibia) y una fémoro-rotuliana (entre fémur y rótula).

Nivel Meniscal y Capsular

Por lo general, esta articulación está formada por unas estructuras cartilaginosas denominadas meniscos (interno y externo) (5). Por otra parte, desde la perspectiva de la capsular articular, la rodilla está envuelta por una cápsula con forma de manguito que recubre el extremo inferior del fémur y el extremo superior de la tibia (5). Al mismo tiempo,  este contiene en su interior líquido sinovial, el cual actúa como lubricante (5).

Nivel Músculo-tendinoso

Por otro lado, Kapandji (6) estableció que la rodilla es cruzada por varios grupos de músculos provenientes del muslo y de la pierna, por ello y en base a su función se clasifican en músculos extensores (principalmente el cuádriceps), flexores (isquiosurales, músculos de la Pata de Ganso, gastrocnemio y poplíteo) y rotadores (el bíceps crural, el tensor de la fascia lata, el sartorio, semitendinoso, semimembranoso, recto interno y el poplíteo).

Nivel Ligamentoso

Por último, la rodilla posee una cápsula articular con ligamentos de refuerzo, dos ligamentos que se encuentran a los lados de la rodilla (ligamento lateral interno y ligamento lateral externo). También consta de los ligamentos cruzados que unen el fémur y la tibia:

  • El ligamento cruzado anterior (LCA), cuya principal función es evitar que la tibia se desplace muy por delante del fémur (6,7).
  • Ligamento cruzado posterior (LCP), el cual evita que la tibia se desplace muy por detrás del fémur (6,7).

El ligamento lateral interno de la rodilla

Hoy en día el Ligamento Lateral Interno (LLI) también puede ser llamado Ligamento Colateral Medial (LCM) de la rodilla, o por ejemplo, Ligamento Colateral Tibial (LCT). En cuanto a sus características, se puede decir que es un ligamento extra-articular, largo (10-12 cm), plano y ancho (8). Especialmente, se constituye como un engrosamiento medial estrechamente unido a la cápsula articular y al menisco interno, con forma triangular (8, 9, 10, 11).

Ligamento Lateral Interno

Funcionalidad del Ligamento Lateral Interno

Con respecto a su funcionalidad, el Ligamento Lateral Interno cobra gran importancia para darle estabilidad a la rodilla en grados específicos de traslación y rotación (12), por este motivo estos ligamentos se tensan cuando la rodilla está extendida y se distienden cuando la rodilla está flexionada (10,13).

Como resultado, la resistencia a la inestabilidad del valgo de rodilla es proporcionado primariamente por el LCM y secundariamente por el Ligamento Cruzado Anterior de la rodilla (14,15,16). Por lo tanto, esta distribución de cargas entre ambos ligamentos (LCM y LCA) cobra gran importancia en la lesión ligamentosa combinada (14).

Especialmente, el principal estabilizador en valgo en todos los grados de flexión de rodilla es el LCMs en su inserción tibial proximal, mientras que la inserción tibial distal se encarga de la estabilidad de la rotación externa a 30º y 60º de flexión de rodilla y rotación interna (14,17).

Para acabar, Barrera (18) establece que los fascículos meniscotibial y meniscofemoral son colaboradores en la estabilidad del valgo junto a la inserción proximal del LCMs y ayudan en el control de la rotación interna (Fascículo Meniscofemoral a 20º, 60º y 90º y Fascículo Meniscotibial a 30º y 90º) así como a la rotación externa (Fascículo Meniscofemoral a 30º y 90º).

Epidemiología de la lesión de ligamento lateral interno

Actualmente, uno de los primeros pasos a realizar para el éxito de los programas de reducción de lesiones deportivas es el correcto análisis e interpretación de la epidemiología lesional. Para ello, se ha optado por el modelo de intervención para la prevención de lesiones más utilizado, el paradigma de Van Mechelen, Hlobil y Kemper (19), el cual se basó en una secuencia de 4 pasos: en primer lugar, se debe conocer la amplitud del problema (incidencia y prevalencia de las lesiones deportivas), en segundo lugar, hay que identificar los factores de riesgo (intrínsecos y extrínsecos), en tercer lugar, reconocer los mecanismos de producción de las lesiones, y por último, introducir medidas preventivas y evaluar la eficacia de la intervención.

En consecuencia a los estudios epidemiológicos encontrados y revisados se han obtenido los siguientes datos:

Competición vs Entrenamiento

En primer lugar, la incidencia de lesiones durante las competiciones o partidos es más alta que durante los entrenamientos, tanto en jugadores de fútbol profesional (20,21,22,23,24) como en jugadores de fútbol amateur (25,26,27).

Ratio de Lesiones en el ligamento lateral interno

En segundo lugar, el ratio de lesiones variará en función del nivel de participación, tipo de registro de lesiones, temporada, liga, entre otros… Por ello, un correcto análisis e interpretación de estos datos deberá ser de suma importancia. Aun así, se pueden citar los siguientes datos:

  • Por un lado, en la Segunda División Española el ratio de lesión competición-entrenamiento es de 38,8 vs 3,8/1000h (20).
  • Por otro lado, en la Primera División Brasileña el ratio fue de 42,84 vs 2,40/1000h (24).
  • Y finalmente, en ligas amateur el ratio de lesión abarca desde 1,15-32,2/1000h en competición, frente a 0,49-2,4/1000h en entrenamientos (25,26).

Localización corporal

Para empezar, la mayoría de lesiones ocurren en el miembro inferior, tanto en jugadores de fútbol profesionales (20,23,24), como en jugadores amateurs (25,26).

En concreto, las zonas corporales más prevalentes en lesionarse tanto en jugadores de fútbol profesionales como amateurs son la parte superior de la pierna (20,23,26), sin embargo, existen evidencias contrapuestas, como por ejemplo, el estudio retrospectivo de Herrero et al. (25), los cuales encontraron que la rodilla es la región corporal en jugadores de fútbol amateur que más se lesionada.

Para acabar, a la localización corporal más frecuente le siguen tanto en profesionales como en amateurs, la rodilla y el tobillo (20,25,26), al margen del estudio de Noya et al. (20), los cuales encontraron que la segunda región corporal más prevalente en jugadores profesionales es la cadera/ingle, seguidas de la rodilla, tobillo y la parte baja de la rodilla (gemelo, sóleo, flexores-extensores del tobillo, entre otros…).

Tipo de lesión

En cuarto lugar, el tipo de lesión más prevalente en futbolistas profesionales es la lesión muscular y tendinosa, acompañada en segundo lugar de la lesión articular y ligamentosa (20,24), tanto en futbolistas profesionales como en amateurs (27). Sin embargo, en el estudio de Herrero et al. (25), y Sousa et al. (26), con jugadores de fútbol amateur, la tipología de lesión más preponderante es la lesión articular y ligamentosa, seguida de la lesión muscular y tendinosa.

 

Hoy en día es necesario determinar con precisión los factores de riesgo que deben asumirse para implementar un programa preventivo y un correcto plan de Reeducación Funcional Deportiva. Para una mejor comprensión, y tal como refleja Casáis (28), se suelen clasificar en factores de riesgo intrínsecos (predisposición del atleta) y extrínsecos (exposición a factores de riesgo). Aunque, en la realidad del proceso de entrenamiento-competición se dan de manera compleja e interactiva (y, en muchos casos acumulativa). Por otra parte, partiendo de la premisa establecida en el modelo de intervención para la prevención de lesiones de Van Mechelen, Hlobil & Kemper (29), y habiendo superado la primera etapa, conocer la amplitud del problema (incidenciaprevalencia de la lesión del Ligamento Lateral Interno de la rodilla en el fútbol), pasaríamos por consiguiente a la segunda etapa, identificar los factores de riesgo, concretamente, los agentes intrínsecos.

Factores de Riesgo Intrínsecos del ligamento lateral interno de la rodilla

Edad

Para empezar, se presenta como un factor con resultados contradictorios, ya que por un lado existe evidencia que afirma que los jugadores de fútbol jóvenes muestran una mayor incidencia de lesiones en la extremidad inferior (30,31) en comparación a jugadores adultos.

Seguidamente, Moore et al. (32) encontraron en su estudio de cohorte que los jóvenes jugadores de fútbol presentaban una alta incidencia de lesiones de Ligamento Lateral Interno. Concretamente, el riesgo de lesión fue el doble en futbolistas jóvenes a partir de los 14 años (32).

Finalmente, varios artículos apuntan a la edad como factor a tener en cuenta en la producción de lesiones ligamentarias de rodilla tanto en jugadores profesionales como amateurs (33,34), aunque Hägglund (35) mostró que la edad no es un factor de riesgo significativo para las lesiones en general, a pesar de que en uno de sus varios artículos a analizar encontró que los jugadores de fútbol masculinos de >30 años tenían una mayor incidencia de lesiones que los de edad intermedia (20-30 años) y baja (<20 años).

Género

Como resultado de la revisión sistemática de Llana-Belloch, Pérez-Soriano y Lledó-Figueres (36), se observó una menor incidencia de lesiones en jugadoras adolescentes durante los entrenamientos y durante las competiciones en comparación a jugadores adolescentes. No obstante, en categorías senior, los resultados se igualan, a excepción de los senior masculinos, donde durante las competiciones la incidencia se eleva.

Por otro lado, las mujeres élite e internacional superan en incidencia lesional durante los entrenamientos a los hombres (36). Sin embargo, durante las competiciones de las mujeres y hombres élite e internacional los valores se distancian en la horquilla mayor (36).

Incidencia de lesiones en función del género
Incidencia de lesiones (Llana et al., 2010)

La(s) Lesión(es) previa(s)

Actualmente, haber tenido una lesión previa aumenta el riesgo de lesión en la extremidad inferior (31), tanto en jugadores masculinos amateurs (34) como en jugadores masculinos élite (37). Concretamente, haber tenido una lesión previa en la rodilla de tipo esguince aumenta el riesgo de padecer la misma lesión en el mismo lado (33).

En todo caso, cabe destacar que en la revisión sistemática de McCall et al. (38), la lesión previa tenía un nivel de evidencia de 2++, y en el cual, gran parte de los artículos tuvieron en cuenta la lesión previa como factor de riesgo en una amplia gama de poblaciones (jugadores de fútbol de la UEFA Champions League, de la 3ª División Griega, de la Premier League Sueca y de la 2ª División de Islandia).

Condición Física

La Resistencia

En primer lugar, Chomiak et al. (34) y Dvorak et al. (39) encontraron que una pobre resistencia y velocidad de reacción óptica son factores de riesgo para las lesiones en general. De esta manera, Hägglund (35) justifica los anteriores resultados deduciendo que en los jugadores con baja condición física la fatiga aparece antes, aunque, pocos estudios verifican eso.

Desde otra perspectiva, también se encontró un estudio en el que jugadores con un bajo Consumo Máximo de Oxígeno (Vo2 máximo) estimado tenían más lesiones de tipo esguince. Además, en otros descubrieron que los equipos con un periodo preparatorio largo tenían pocas lesiones que un equipo que hizo un periodo preparatorio corto (35). De lo anterior, se puede concluir que los jugadores con mejor condición física tenían menos lesiones (35). A pesar de ello, otros estudios evaluaron la relación del Vo2 máximo estimado y lesiones, y pico de Vo2 máximo y lesiones, donde a fin de cuentas no se muestra asociación entre ellas (35).

La Fuerza

Para empezar, se ha teniendo como referencia inicial la revisión de Vanmeerhaeghe y Romero (40), los cuales establecen que el correcto funcionamiento del complejo sistema neuromuscular es un factor clave en el control de la estabilidad articular. Por este motivo, las lesiones articulares y ligamentarias  son las que más se pueden beneficiar del entrenamiento del control neuromuscular (41). Por consiguiente, todos los factores de riesgo citados en Vanmeerhaeghe y Romero (40) tienen un denominador común, la alteración del patrón de movimiento, definido como la secuencia de activación muscular utilizada para generar una acción.

Factores de riesgo neuromuscular
Factores de riesgo neuromuscular (Vanmeerhaeghe y Romero, 2013)

La Flexibilidad

Con respecto a la flexibilidad, no se han encontrado evidencias directas sobre las posibles asociaciones entre la flexibilidad y las lesiones de rodilla, pero, se puede considerar un factor importante, ya que esta cualidad está incluida dentro dos de los programas de prevención más estudiados, como el 11+ (The 11 – Injury Prevention Program) y el Harmoknee Program.

Aspectos Anatómicos y ligamento lateral interno

La Laxitud Articular

Primeramente, este concepto es definido por Zlotnicki et al. (42) como “la respuesta pasiva de la articulación a las fuerzas aplicadas externamente”. Además, este concepto no se debe confundir con la inestabilidad, la cual constituye una medida funcional expresada por el paciente (42).

Tanto la laxitud articular como la inestabilidad podrán ser cuantificados mejor entendiendo el stiffness muscular, ya que permite comprender como los tejidos resisten la deformación en respuesta a las fuerzas, resultando que niveles altos o anormales de stiffness muscular limitan y restringen respectivamente el movimiento articular (42).

Para finalizar, el incremento de la laxitud articular es un factor de riesgo no modificable, que no implica inestabilidad en la rodilla (42), y el cual presentan una asociación con el riesgo de lesiones de rodilla (31).

La Inestabilidad Articular

En otro lugar, la inestabilidad en la rodilla y su asociación con el incremento de lesiones parece ofrecer resultados contradictorios. Por un lado existe un incremento del riesgo para las lesiones de rodilla en jugadores con inestabilidad medial (35). Y por otro lado, no se encontró ninguna asociación entre inestabilidad en la rodilla y los esguinces de rodilla (35).

Valgo Dinámico

En cuanto a la alineación dinámica del valgo, se define como el colapso medial de la rodilla durante tareas que generen flexión de rodilla y cadera, donde primariamente el desplazamiento ocurre en el plano frontal, con una combinación de rotación interna de cadera, valgo de rodilla y rotación tibial externa (41).

Al mismo tiempo, un hallazgo importante ha sido que el 37,1% de los jugadores de fútbol de alto nivel analizados realizaron el apoyo del test Drop Jump con alguna de las rodillas en valgo, donde el 14,3% reportaron ángulos mayores a 20º, por esta razón se considera un valor proyectado sobre el plano frontal como excesivo para algunos autores (43).

Desbalance Muscular

Seguidamente, otro agente de riesgo es el desbalance musculares (38), considerado como una falta de equilibrio de la fuerza aplicada entre ambas extremidades o músculos, donde una de las 2 tiene más control dinámico. De tal manera, se la considera la responsable de sobrecargas mecánicas y de mecanismos compensatorios que afectan a la técnica del movimiento y a la postura (43).

Composición Corporal y ligamento lateral interno

En resumen, poca evidencia se ha encontrado entorno a este elemento y su relación en las lesiones deportivas. Murphy et al. (31), encontró que incrementa el riesgo de lesión en hombres futbolistas de mayor altura, pero no hay ninguna asociación en mujeres. Tampoco se observó ninguna asociación entre altura, peso, composición corporal (%grasa) o IMC y lesiones en general en jugadores de fútbol (35).

Conclusiones sobre el Ligamento Lateral Interno

En resumen, la rodilla es una articulación compleja debido a las múltiples características de los componentes que la conforman a nivel óseo, meniscal, capsular, músculo-tendinoso y ligamentoso. Por consiguiente, el ligamento lateral interno posee un papel activo en la estabilización de la rodilla en grados específicos de rotación y traslación.

Como resultado de los datos expuestos en los puntos comentados anteriormente, se puede concluir que existe una mayor prevalencia de lesiones durante las competiciones frente a los entrenamientos.

Con respecto al ratio de lesiones, variará en función del nivel de participación, tipo de registro de lesiones, temporada, liga, entre otros.

En cuanto a la región corporal que más se lesiona, según la mayoría de autores es la parte superior de la pierna, sin embargo, otros autores apuntan a la rodilla como localización más prevalente. Por otra parte, la localización corporal más habitual en lesionarse también se verá afectada por el tipo de registro de lesiones, tipo de liga, utilización de un modelo u otro para clasificar las lesiones, entre otros.

Por último, el tipo de lesión más frecuente en futbolistas profesionales ha sido la lesión muscular y tendinosa, y la lesión articular y ligamentosa, tanto para futbolistas profesionales como para amateurs. No obstante, y al igual que en el apartado de “localización corporal”, parece existir una dicotomía de evidencias.

Finalmente, se podría concretar que un programa de prevención de lesión en el ligamento lateral interno (reducción de la incidencia lesional) será cada vez más o menos exitoso en función de la capacidad de ejecutar de forma coordinada los pasos especificados en los modelos de intervención para la prevención de lesiones que se encuentran publicados, más una correcta selección, análisis e interpretación de los datos que se encuentran expuestos en la literatura científica.

Se puede concluir que un programa de reducción del riesgo de lesiones para el Ligamento Lateral Interno de la rodilla en el fútbol dependerá en mayor medida de la capacidad de coordinación de una correcta búsqueda, selección y análisis de los artículos científicos encontrados en la literatura. Además, estos mismos elementos deberán ser valorados y aplicados de forma lógica de acuerdo a criterios de eficacia y eficiencia.

Con respecto a la edad y al género, son dos factores de riesgo muy a tener en cuenta en la producción de lesiones de ligamento lateral interno, aunque, el género se vea influenciado por el nivel de juego.

Acerca de las lesiones previas, apuntan a ser el factor de riesgo más determinante en la producción de lesiones deportivas, tanto en jugadores amateurs como élite. De hecho, se le otorga un nivel de evidencia de 2++ en una de las última revisiones del British Journal of Sports Medicine.

En lo referido a la condición física, tener bajos niveles de resistencia y de fuerza incrementan el riesgo de lesión. Por otro lado, no se encontraron evidencias acerca de si tener una buena o mala flexibilidad aumenta el riesgo.

Por otra parte, los aspectos anatómicos comentados anteriormente influyen más o menos en el incremento de riesgo de lesión ligamentosa. No obstante, se puede señalar a la laxitud articular, el valgo dinámico y los des-balances muscular como los más importantes.

Finalmente, poca evidencia y baja relación se halla en torno a la composición corporal y el riesgo de lesión del ligamento lateral interno.

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