Ejercicio y cáncer

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ejercicio y cáncer

El cáncer es un grupo de enfermedades caracterizadas por el crecimiento descontrolado de células anormales que son capaces de invadir otros tejidos y diseminarse a otras partes del cuerpo. (1)

A pesar de los avances en el diagnóstico y tratamiento del cáncer, esta enfermedad sigue siendo una de las principales amenazas para la salud pública a nivel mundial. (2)

Algunos factores de riesgo, tales como: la inactividad física, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la dieta poco saludable, y el estrés, pueden contribuir a mayor incidencia de cáncer en general; muchos estudios han examinado la asociación entre el ejercicio y cáncer, la evidencia muestra que la actividad física reduce el riesgo de cánceres de colon y de mama y posiblemente también otros tipos. (3)

Por lo tanto, las intervenciones de ejercicio y actividad física (AF) desde la infancia hasta la vida adulta potencialmente pueden ayudar a prevenir el cáncer en una etapa más tardía en la vida, además de reducir los riesgos de otras enfermedades. (3)

El Colegio Americano de Medicina del Deporte (4) y la Sociedad Americana del Cáncer (5) han recomendado la actividad física como una estrategia de intervención para ayudar a los supervivientes de cáncer a manejar síntomas, mejorar la calidad de vida, y posiblemente incluso extender la supervivencia.

Los avances en el panorama del cáncer y sus tratamientos han contribuido a una esperanza de vida más larga en personas diagnosticadas, creando así un creciente número de personas en la fase de la supervivencia en la experiencia con el cáncer.

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Imagen 1. Células de cáncer

Por ello, en este primer artículo introductorio sobre actividad física o ejercicio y cáncer, buscamos mostrar el papel beneficioso a modo general que aporta la AF en esta enfermedad, y el rol del prescriptor dentro del trabajo multidisciplinar no solo en términos de ejercicio físico sino también en la concienciación de que sigan las indicaciones correspondientes.

Ejercicio y cáncer: Efectos positivos generales

La AF puede influenciar las decisiones de tratamiento debido a que casi todas las guías de tratamiento de cánceres sugieren que los oncólogos deben tener en cuenta el estado general de salud y el estado físico del paciente en la toma de decisiones sobre el tratamiento. (1)

El objetivo en los/as pacientes no debe ser otro que poder trabajar en pos de mejorar su calidad de vida debido a los efectos secundarios que conllevan implícitos los distintos tipos de cáncer.

Lucia et al. (5) sostienen que el entrenamiento previo a las pruebas de capacidad funcional es crucial en la definición del programa de entrenamiento personalizado para pacientes de cáncer, y por otra parte, que las pruebas regulares deben realizarse durante todo el curso de una intervención de ejercicios con el fin de determinar la mejora consistente en la capacidad funcional de un paciente.

Cada vez hay más pruebas de los efectos beneficiosos del ejercicio físico sobre la capacidad física y bienestar psicológico en los pacientes con cáncer sometidos a quimioterapia. (6)

Hasta la fecha, la mayoría de los estudios se han centrado en los individuos con cáncer en un estadio temprano (7); aunque también existe una cierta evidencia de que la AF en supervivientes con cáncer avanzado puede disminuir la ansiedad, el estrés, la depresión, el dolor, la fatiga, falta de aliento, estreñimiento, y el insomnio. (7) En definitiva, estos estudios han revisado si la actividad física entre las personas con cáncer se asocia con una mejor supervivencia. (8)

El entrenamiento con ejercicios (aeróbico, fuerza o protocolos combinados) han sido ampliamente adoptados en el tratamiento de pacientes con muchos tipos y estadios de los tumores, y en distintas fases del tratamiento.

Varios estudios han demostrado que la actividad física se asocia con reducciones en el riesgo por ejemplo del cáncer de pulmón, en particular cuando es practicado al menos 4 horas por semana. (9)

Por ejemplo, la asociación entre la actividad física y un menor riesgo de cáncer de pulmón cáncer pueden ser explicado por la mejora del sistema inmunológico, una mayor ventilación y perfusión pulmonar que pueden disminuir la concentración de agentes cancerígenos en las vías respiratorias. Además, la actividad física reduce la inflamación crónica en los pulmones y mejora las defensas antioxidantes endógenas. (10)

También, estudios recientes con pacientes con cáncer de mama muestran que el entrenamiento de fuerza también puede ser realizado durante la quimioterapia sin causar complicaciones. (11)

Como se puede observar, por regla general, la inclusión de un programa de ejercicios, es altamente recomendable en cualquiera de las fases en las que se encuentre el paciente de cáncer, es beneficiosa en varios tipos de ellos y regularmente debe ser evaluado para ver cuáles están siendo sus efectos sobre la calidad de vida del afectado/a.

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Imagen 2. El ejercicio físico mejora los síntomas del cáncer.

La efectividad del tratamiento multidisciplinar

Sobrevivir al cáncer a menudo requiere de un tratamiento multidisciplinar. La terapia puede durar varios meses o años. Los principales tratamientos contra el cáncer incluyen la terapia de la cirugía, la radiación, quimioterapia, terapia hormonal,  inmunoterapia, terapias dirigidas y trasplante de células madre. Estos tratamientos mejoran de forma drástica la cuota de esperanza de vida; sin embargo, también producen numerosos agudos y crónicos efectos secundarios que atentan contra la salud y la calidad de vida de los supervivientes de cáncer. (12)

Por lo tanto, el tratamiento con ejercicio debe comenzar tan pronto como sea posible, es decir, ya durante el tratamiento médico. (4) Sin embargo, el porcentaje de supervivientes de cáncer siguiendo las recomendaciones después de las intervenciones no ha superado el 65%, y en parte puede deberse a que la mayoría no han documentado aumento de AF o ésta no está siendo evaluada en muchos casos. (13)

La mayoría de los supervivientes no son suficientemente activos y no sacan partido de los beneficios físicos y psicológicos de la actividad física. (14)

Los profesionales de la prescripción de ejercicio físico deben movilizar a los supervivientes de cáncer hacia la dosis recomendada de actividad física. Una vez en el programa, los profesionales deben incorporar planificación para mejorar la adherencia a la actividad física, dado que mejora su cantidad y calidad de vida. (15)

Pero, ¿Cómo se planifica una intervención de ejercicio terapéutico para este tipo de colectivo? En primer lugar, se debe tener en cuenta el tipo de cáncer; las diferencias fundamentales entre los grupos de pacientes, por ejemplo entre el cáncer de próstata y el cáncer de mama; luego debe coordinarse con el médico que lleva el caso en cuestión.

Además, es importante considerar la etapa de la enfermedad, fase de tratamiento, así como, el enfoque de la terapia médica (curativo o paliativo). (16)

A través de los grupos de ejercicios de rehabilitación, se debe tratar además de que los pacientes estén motivados para mantenerse físicamente activos durante toda su vida. Dicha gama de ejercicios incluye la resistencia, fuerza, ejercicios de coordinación, así como técnicas de relajación. (17)

Por otra parte, los pacientes reciben un programa de entrenamiento suplementario que deben ejercer de forma independiente una vez consolidados ciertos ejercicios, estando el/la profesional a disposición para las dudas en cuanto a ejecución. Si bien es cierto, que los estudios muestran que estos programas no son tan eficaces como los conceptos de terapia supervisadas, debemos poner empeño para concienciar en que sean llevados a cabo. (18)

Con este artículo, hemos intentado  explicar los fundamentos acerca de los beneficios con carácter generalizado que desempeña la actividad física entre aquellos/as afectados por el cáncer y como ésta, puede mejorar los distintos estadios en el que se encuentren. Además, se observa como en coordinación con profesionales del sector sanitario, el rol del prescriptor/a es absolutamente necesario para que el entrenamiento sea programado buscando la eficacia, educando a los/as pacientes para que contemplen la realización de ejercicio como algo fundamental en sus vidas, especialmente porque mejorará su calidad la misma.

En próximos artículos hablaremos más en detalle sobre las distintas investigaciones que han sido desarrolladas en torno a los sistemas muscular y óseo.

El equipo multidisciplinar mejora el tratamiento del cáncer
Imagen 3. El equipo multidisciplinar mejora el tratamiento del cáncer

Bibliografía

  1. Courneya KS, Rogers LQ, Campbell KL, Vallance JK, Friedenreich CM (2015). Top 10 research questions related to physical activity and cancer survivorship. Res Q Exerc Sport. 86(2):107-16
  2. Kruk J, Aboul-Enein H Y (2006). Physical activity in the prevention of cancer.Asian Pac J Cancer Prev ;7: l1 – 2 1.
  3. Brizio ML, Hallal PC, Lee IM, Domingues MR (2016). Physical activity and lung cancer: A case- control study in Brazil. J Phys Act Health; 13 (3): 257-61.
  4. Schmitz, K. H., Courneya, K. S., Matthews, C., Demark-Wahnefried, W., Galvao, D. A., Pinto, B. M. American College of Sports Medicine (2010). American College of Sports Medicine roundtable on exercise guidelines for cancer survivors. Med Sci Sport Exer, 42, 1409–1426.
  5. Rock, C. L., Doyle, C., Demark-Wahnefried, W., Meyerhardt, J., Courneya, K. S., Schwartz, A. L.,Gansler, T. (2012). Nutrition and physical activity guidelines for cancer survivors. Cancer J Clin, 62, 243–274.
  6. Lucia A, Earnest C, Perez M (2003). Cancer related fatigue: can exercise physiology assist oncologists? Lancet Oncol 4: 616–625.
  7. Galvao DA, Newton RU (2005). Review of exercise intervention studies in cancer patients. J Clin Oncol 23: 899–909.
  8. Albrecht, T. A., & Taylor, A. G. (2012). Physical activity in patients with advanced-stage cancer: A systematic review of the literature. Clin J. Oncol. Nurs 16, 293–300.
  9. Physical Activity Guidelines Advisory Committee (2008). Physical Activity Guidelines Advisory Committee Report. Washington, DC: Department of Health and Human Services.
  10. Kubfk A, Zatloukal P, Tomasek L, et al (2007). Interactions between smoking and other exposures associated with lung cancer risk in women: diet and physical activity. Neoplasma.;54:83-88.
  11. Kubik A, Zatloukal P. Tomasek L, et al. A case-control study of lifestyle and lung cancer associations by histological types. Neoplasma. 2008;55:192-199.
  12. Segal RJ, Reid RD, Courneya RJ, Sigal GP, Kenny DG, Prud- Homme DG et al (2009) Randomized controlled trial of resistance or aerobic exercise in men receiving radiation for prostate cancer. J Clin Oncol 27:344–351.
  13. Aziz NM (2007). Cancer survivorship research: state of knowledge, challenges and opportunities. Acta Oncol; 46 (4): 417-32.
  14. Bourke, L., Homer, K. E., Thaha, M. A., Steed, L., Rosario, D. J., Robb, K. A., Taylor, S. J. (2013). Interventions for promoting habitual exercise in people living with and beyond cancer. Cochrane Database Syst Rev 24;(9) CD010192.
  15. Speed-Andrews AE, Rhodes RE, Blanchard CM, et al. (2012). Medical, demographic and social cognitive correlates of physical activity in a population-based sample of colorectal cancer survivors. Eur J Cancer Care 21:187-196.
  16. Packel LB, Prehn AW, Anderson CL, Fisher PL (2015). Factors influencing physical activity behaviors in colorectal cancer survivors. Am J Health Promot 30(2):85-92.
  17. F. T. Baumann (2013). Physical exercise programs following cancer treatment. Eur Rev Aging Phys Act 10:57–59.
  18. Overgard M, Angelsen A, Lydersen S, Mørkved S (2008) Does physiotherapist-guided pelvic floor muscle training reduce urinary incontinence after radical prostatectomy? A randomised controlled trial. Eur Urol 54:438–448.

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