¿Ejercicio para el Parkinson?

Todos hemos oído hablar sobre el Parkinson, y es normal, ya que nos encontramos ante la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente después del Alzheimer. Una enfermedad que suele aparecer entre los 52 y los 62 años, aunque también hay casos de Parkinson juvenil (entre 21 y 40años). Además, no se sabe muy bien porqué, afecta más a los hombres.  En el presente artículo analizamos  ejercicio para el Parkinson ¿Puede ser beneficioso para esta enfermedad?

Síntomas: ¿Qué les pasa?

La alteración más conocida en el Parkinson es este temblor que encontramos en el 50% de los pacientes, y que aparece en las manos, sobre todo cuando están en reposo, y que cada vez se va haciendo más visible y molesto.

El Parkinson se caracteriza por síntomas motores como la bradiquinesia (lentitud en los movimientos), la acinesia (dificultad para iniciar el movimiento), la rigidez muscular, la inestabilidad postural, la pérdida de la destreza, el arrastre de los pies, la fatiga, y otros desórdenes del movimiento que acaban por dificultar acciones tan normales como vestirse solos …

Estos son los síntomas más hablados de la enfermedad, sin embargo, también encontramos síntomas que no tienen origen motor como problemas cognitivos, psiquiátricos y del Sistema Nervioso como la demencia, los delirios y la depresión.

Causas – Etiopatogenia: ¿Por qué?

El Parkinson es consecuencia de muchos factores, pero el más determinante es la pérdida de neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra compacta. Además, se observa una pérdida celular en otras regiones del cerebro.

La disminución en los niveles de dopamina (neurotransmisor) se observa sobre todo en el estriado como consecuencia de la degeneración de la sustancia negra pars compacta, y es en este déficit que actúa la medicación de levodopa (dihidroxifenilalanina) para tratar el Parkinson. Donde la L-dopa, que pasa con más facilidad la barrera hematoencefálica que la dopamina, se transforma en dopamina (por acción de la enzima dopa-descarboxilassa o DDC) y aunque no conseguimos curar la enfermedad, sí que conseguimos mejorar los síntomas motores.

Figura 2: Herramientas farmacológicas. Salud y medicina
Figura 2: Herramientas farmacológicas. Salud y medicina

Ejercicio para el Parkinson… ¿Es el ejercicio físico un buen método para tratar el Parkinson?

A pesar de los avances quirúrgicos y farmacológicos, las discapacidades motoras que van apareciendo progresivamente en la enfermedad del Parkinson necesitan terapias de rehabilitación adicionales para maximizar la función y la independencia de los afectados.

Se ha visto que la actividad física y el ejercicio tienen efectos beneficiosos en el rendimiento físico, a las caídas o en la calidad de vida de los pacientes con Parkinson, ya que parecen mejorar el rendimiento en las actividades diarias y en la movilidad funcional. (Earhart & Falvo, 2013)

Se ha visto en estudios con animales que el ejercicio para el parkinson puede aumentar la síntesis de dopamina y de factores tróficos. Estos factores tróficos modularán la neuroplasticidad del cerebro promoviendo el crecimiento neuronal y/o reduciendo la vulnerabilidad de las células dopaminérgicas (Smith & Zigmond, 2003).

Efectos no Motores

En estudios se ha observado que el ejercicio y las medicinas alternativas, provocan beneficios no motores en pacientes con Parkinson.El Tai chi mejora el sueño; la danza mejora la cognición, la apatía y además tiene una ligera tendencia a mejorar la fatiga; y la acupuntura mejora la depresión y el sueño (Subramanian, 2017).

Efectos Motores

Los efectos motores del Parkinson mejoran con ejercicios de fuerza combinados con estiramientos (Shulman et al., 2013), con entrenamiento de fuerza solo (Carvalho et al., 2015), con entrenamiento aeróbico (Carvalho et al., 2015), entrenamiento en cinta de baja intensidad, y de intensidad moderada (Schenkman et al., 2012). También se han visto mejoras en entrenamientos fitness adaptados para pacientes con Parkinson (MFC) (Corcos et al., 2013), aunque mejoraron más con ejercicios de fuerza progresiva (Corcos et al., 2013)

En el estudio (Demonceau et al., 2017) observó mejora de la capacidad funcional en grupos donde entrenaban ferza, aeróbico o que recibían fisioterapia.

Por otra parte, con entrenamiento de fuerza con estiramientos se observó mucha más mejora de la fuerza que en entrenamiento con cinta de correr (mejora test 1RM) (Shulman et al., 2013).

Si se quiere mejorar la velocidad de la marcha de la persona lo mejor es hacer el entrenamiento en cinta de baja intensidad, aunque también se ve mejora con entrenamiento de fuerza y el entrenamiento de alta intensidad (Shulman et al., 2013). No obstante, el entrenamiento en cinta de alta intensidad no interesa hacerlo, ya que las mejoras son menores y además existe mayor riesgo de caída. También mejora la velocidad de la marcha junto con una disminución de caídas el entrenamiento de fuerza progresiva y mFC (Rafferty et al., 2017).

También se ha visto que el entrenamiento con cinta, tanto a baja como alta intensidad mejoran el pico de VO2 (Shulman et al., 2013). Estos cambios también se observan en el estudio (Demonceau et al., 2017) con el entrenamiento aeróbico. No obstante, es una mejora que no provoca tantas ventajas en la vida diaria de los pacientes con Parkinson, ya que su VO2 no les supone tanta limitación como les supone la incapacidad o dificultad de caminar y la pérdida de fuerza.

Por lo tanto, para mejorar al máximo la calidad de vida de las personas con Parkinson priorizaremos el entrenamiento de fuerza (normal y/o progresivo) para mejorar la funcionalidad y la fuerza, disminuyendo las caídas. Y el entrenamiento aeróbico de baja intensidad para mejorar la marcha y la funcionalidad motora, ya que muchas veces son una limitación para los afectados. Este entrenamiento aeróbico de baja intensidad además mejoraría el pico de VO2, que a pesar de no ser una limitación en Parkinson es beneficioso. Y, además, si fuera posible, se podría combinar con algunas sesiones de fisioterapia.

Figura 3: Esquema propuesta de entrenamiento para Parkinson. Fuente propia
Figura 3: Esquema propuesta de Ejercicio para el Parkinson. Fuente propia

Ejercicio para el Parkinson: Entrenamiento de Fuerza (2-3 días/semana): Empezar con mFC (enfocado a entrenamiento de balance, respiración y fuerza) las primeras semanas. Y, a medida que se observa tolerancia y mejoras adaptativas ir añadiendo entrenamientos de fuerza según la tolerancia de cargas:

  • Ejercicio para el Parkinson donde impliquen grupos musculares grandes
  • Priorizar ejercicios de tren inferior que es el que genera más limitaciones en las fases más avanzadas de la enfermedad (ejemplo: leg press, leg curl)
  • Combinar con ejercicios del tren superior
  • Combinar ejercicios excéntricos y concéntricos.
  • 2 sets de entre 8 y 12 repeticiones
  • Incrementar la carga según la tolerancia: con carga que permita realizar por ejemplo 13 repeticiones y realizar en la práctica 10 o 11 (haciendo 2-3 repeticiones menos del máximo que podríamos realizar)
  • Sin llegar al fallo
  • Descanso: 1,5’ entre sets.

Por otra parte, como complemento beneficioso, entrenar la marcha un día o dos a la semana mínimo, en una cinta de correr durante 15 minutos al inicio, y cada 2 semanas se aumentan 5 minutos. Hasta los 50 minutos al 40-50% de la reserva de frecuencia cardíaca. Sin embargo, si esto no genera adherencia, o no motiva, se podría sustituir o complementar por caminatas en otros lugares, siempre que sea a baja intensidad.

No obstante, es una propuesta de entrenamiento generalizada, pensando en la población de Parkinson. En una situación real, habría que evaluar las necesidades y limitaciones de cada paciente (o grupo), y a partir de ahí, ya se diseñaría un programa adaptado. Porque hay pacientes que su limitación principal puede ser la fatiga, y entonces en este caso priorizaríamos el entrenamiento de marcha, ante la fuerza; y en otros pacientes la limitación principal puede ser la fuerza o el equilibrio o la cognición… todo depende de cada caso.

Bibliografia

  1. ⁠Shulman, L. M., Katzel, L. I., Ivey, F. M., Sorkin, J. D., Favors, K., Anderson, K. E., …
  2. Macko, R. F. (2013). Randomized clinical trial of 3 types of physical exercise for patients with Parkinson disease. JAMA Neurology, 70(2), 183–190.    https://doi.org/10.1001/jamaneurol.2013.646
  3. Carvalho, A., Barbirato, D., Araujo, N., Martins, J. V., Cavalcanti, J. L. S., Santos, T. M., Deslandes, A. C. (2015). Comparison of strength training, aerobic training, and additional physical therapy as supplementary treatments for Parkinson’s disease: pilot study. Clinical Interventions in Aging, 10, 183–191. https://doi.org/10.2147/CIA.S68779
  4. Corcos, D. M., Robichaud, J. A., David, F. J., Leurgans, S. E., Vaillancourt, D. E., Poon, C., … Comella, C. L. (2013). A two-year randomized controlled trial of progressive resistance exercise for Parkinson’s disease. Movement Disorders: Official Journal of the Movement Disorder Society, 28(9), 1230–1240.        https://doi.org/10.1002/mds.25380
  5. Demonceau, M., Maquet, D., Jidovtseff, B., Donneau, A. F., Bury, T., Croisier, J. L., … Garraux, G. (2017). Effects of twelve weeks of aerobic or strength training in addition to standard care in Parkinson’s disease: a controlled study. European Journal of Physical and Rehabilitation Medicine, 53(2), 184–200.         https://doi.org/10.23736/S1973-9087.16.04272-6
  6. Rafferty, M. R., Prodoehl, J., Robichaud, J. A., David, F. J., Poon, C., Goelz, L. C., … Corcos, D. M. (2017).       Effects of 2 Years of Exercise on Gait Impairment in People With Parkinson Disease. Journal of Neurologic Physical Therapy, 41(1), 21–30. https://doi.org/10.1097/NPT.0000000000000163
  7. Schenkman, M., Hall, D. A., Barón, A. E., Schwartz, R. S., Mettler, P., & Kohrt, W. M. (2012). Effect of High-Intensity Treadmill Exercise on Motor Symptoms inPatients WithDeNovoParkinson Disease. Physical Therapy, 92(11), 1395–1410.      https://doi.org/10.2522/ptj.20110472
  8. Earhart, G. M., & Falvo, M. J. (2013). Parkinson Disease and Exercise. In Comprehensive Physiology (Vol. 3, pp. 833–848). Hoboken, NJ, USA: John Wiley & Sons, Inc. https://doi.org/10.1002/cphy.c100047
  9. Smith, A. D., & Zigmond, M. J. (2003). Can the brain be protected through exercise? Lessons from an animal model of parkinsonism. Experimental Neurology, 184(1), 31–39. Retrieved from http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14637076
  10. Subramanian, I. (2017). Complementary and Alternative Medicine and Exercise in Nonmotor Symptoms of Parkinson’s Disease. In International Review of Neurobiology. https://doi.org/10.1016/bs.irn.2017.05.037

 

AUTORA | Laura Muñoz Bravo. Estudiante del Máster en Entrenamiento Deportivo, Actividad Física y Salud. Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte- Blanquerna-Universidad Ramón Llull

1 COMENTARIO

  1. Me parece un artículo muy interesante era hora de que los profesionales o futuros proyectos fesionales se preocupen del ejercicio y entrenamientos de personas que padecen este tipo de patologías. Gracias

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