Síndrome metabólico

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obesidad en jóvenes

Las investigaciones y los estudios llevados a cabo sobre la arteriosclerosis en la segunda mitad del siglo XX, han llevado a la descripción de un nuevo síndrome, denominado Síndrome metabólico de Reaven, en honor al investigador que lo describió por primera vez.

Aunque en la práctica médica es más conocido por Síndrome X, llamado así por las cuatro afecciones que lo componían inicialmente (1).

¿Qué es el sindrome metabólico?

El síndrome metabólico consiste en una acumulación de factores de riesgo cardiovasculares que se caracterizan por un mayor depósito de grasa a nivel abdominal, resistencia a la insulina, colesterol lipoproteínas de alta densidad bajo y triglicéridos elevados, desencadenando un alto riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2 (25).

Las causas asociadas a esta condición son una combinación de factores genéticos y ambientales asociados al estilo de vida, donde la obesidad abdominal y la resistencia a la insulina juegan un papel fundamental (23). Este conjunto de factores mórbidos relaciona el síndrome metabólico con enfermedades cardiovasculares y altos índices de mortalidad por esta causa.

Otro factor a tener en cuenta es que más del 80% de las personas obesas son insulinoresistentes. Además, con el aumento de la grasa visceral también crecen los niveles plasmáticos de ácidos grasos libres, lo que facilita la producción de glucosa, síntesis de lípidos y secreción de proteínas pro-trombóticas.

Un menor uso de la glucosa en los adipocitos y las células musculares, con a una mayor producción a nivel hepático, es la causa de hiperglucemia, hiperinsulinemia y mayor predisposición para generar diabetes mellitus (28).

Un volumen más grande de ácidos grasos libres en el torrente circulatorio también implica una facilitación de la betaoxidación por encima de la vía glucolítica, lo que supone un incremento de radicales libres y una disminución de la capacidad contráctil en el músculo cardíaco.

Origen del Síndrome metabólico

El Síndrome metabólico está formado por una serie de factores de riesgo, como la hipertensión arterial, la dislipidemia, la intolerancia a la glucosa por la resistencia a la insulina y la obesidad visceral, elevando la probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular (5).

Fue descubierto hace más de 80 años y ha recibido diversas denominaciones a través del tiempo. Por otra parte, no se trata de una única enfermedad sino de una asociación de problemas de salud que pueden aparecer de forma simultánea o secuencial en un mismo individuo, causados por la combinación de factores genéticos y ambientales asociados al estilo de vida (5).

La presencia de síndrome metabólico se relaciona con un incremento significativo de riesgo de diabetes, enfermedad coronaria y enfermedad cerebrovascular (6).

¿Cómo detectar el síndrome metabólico?

Según el Programa Nacional de Educación Sobre el Colesterol (Expert Panel on Detection, 2001), para que un sujeto sea diagnosticado de síndrome metabólico, éste debe presentar al menos tres de los siguientes criterios:

  • Circunferencia de cintura: hombres mayores de 102 cm y mujeres mayor de 88 cm.  Nivel de triglicéridos alto (≥150 mg/dl).
  • Colesterol – niveles de lipoproteínas de alta densidad bajos (hombres <40 y mujeres <50).  Hipertensión arterial (≥130/≥85 mmHg).
  • Alteración de la glicemia en ayunas (mayor a 110 mg/dl). Para tratar el síndrome metabólico existen métodos farmacológicos y no farmacológicos. En este artículo nos centramos en el segundo tipo, concretamente en lo que concierne a la actividad física. Se ha demostrado que el ejercicio posee un carácter preventivo frente a esta condición. A continuación analizamos qué tipos de ejercicio son los más efectivos para los diferentes casos de personas con síndrome metabólico.

Población afectada

La edad de los individuos propensos a padecer de síndrome metabólico ha ido bajando de forma acelerada. Anteriormente se hablaba de pacientes que bordeaban los 50 años, ahora el grupo de riesgo está situado alrededor de los 35. Esto indica la tendencia, desde etapas muy tempranas de la vida, hacia los malos hábitos de alimentación y escaso ejercicio físico de la población en general (7).

Finalizamos este apartado con las conclusiones de un estudio (8) que afirma que 1 de cada 5 personas del mundo occidental sufrirá algún problema cardiovascular a causa del síndrome metabólico.

Importancia de la insulina

Al parecer la resistencia a la insulina es la alteración primaria en las distintas situaciones en las cuales hay hiperinsulinismo como en este caso, el síndrome metabólico (2).

La insulina actúa como activador de la lipasa lipoproteica (LPL), que es la enzima encargada de degradar los triglicéridos de las lipoproteínas de baja densidad (VLDL). Cuando la estructura de la insulina está alterada, como puede ser el caso de los pacientes con resistencia a la insulina, esta enzima no funciona correctamente lo que refuerza el síndrome metabólico (1).

resistencia a la insulina

Mecanismo de producción de resistencia a la insulina

La resistencia a la insulina se describe como una respuesta biológica inadecuada en el organismo, como una disminución del efecto de la insulina, o sea, una disminución de la respuesta de la acción biológica de ella a una concentración de insulina dada, para estimular el consumo normal de glucosa por las células (3).

La consecuencia inmediata de la resistencia a la insulina es el incremento compensador de la secreción de estas células, produciéndose la hiperglicemia y el hiperinsulinismo. La hiperglicemia y la resistencia a la insulina son factores dominantes que enlazan las características clínicas del síndrome metabólico (4).

Diagnóstico del Síndrome metabólico

La Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso en 1998 unos criterios de clasificación para poder hacer el diagnóstico del síndrome metabólico. Deben existir al menos uno de los dos parámetros principales y dos de los restantes (9).

Parámetros Principales

  • Intolerancia a la insulina.
  • Diabetes Mellitus tipo 2.

Parámetros restantes

  • Hipertensión arterial: ≥140/90 mm Hg.
  • Triglicéridos: ≥150 mg/dl.
  • Colesterol de HDL: Hombres: <35 mgldl; Mujeres: < 39 mgldl
  • Circunferencia abdominal (crestailíaca): Hombres: > 102 cm; Mujeres: > 88 cm
  • Índice de Masa Corporal (IMC): >30 kg/m2.
  • Microalbuminuria: Excreción urinaria de albúmina ≥ 20 μg/mil.

Causas de la aparición del Síndrome metabólico

Desde el punto de vista genético, algunos genes han sido asociados al desarrollo de síndrome metabólico: genes reguladores de lipólisis, termogénesis, metabolismo de la glucosa y del músculo (10,11).

Los factores ambientales como el sedentarismo promueven el desarrollo de la obesidad y modifican la sensibilidad a la insulina en el músculo. Por si esto fuera poco, las dietas con alto contenido graso son desfavorables para el síndrome metabólico y contribuyen al desarrollo de hipertensión arterial y obesidad (12).

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síndrome metabólico

Tratamiento del Síndrome metabólico

Prevención

Es muy importante la detección de factores de riesgo mediante programas preventivos específicos para la dislipidemia, hipertensión arterial, obesidad y tabaquismo (13,14).

Inicialmente es imprescindible el establecimiento y mantenimiento de un estilo de vida saludable a través de una dieta apropiada, la práctica de ejercicio físico regular, y, obviamente, el abandono del hábito tabáquico (13,15).

Ejercicio y síndrome metabólico

El ejercicio físico aeróbico regular es recomendable para las personas que sufren el síndrome metabólico, siempre que no existan otros factores que lo prohíban. El ejercicio mejora todos los componentes del síndrome metabólico,y además, contribuye a la pérdida de peso (13).

Cualquier cantidad de actividad física se asocia con una reducción sustancial de la mortalidad en comparación con aquellas personas que no realizan ningún tipo de actividad. Lo mismo ocurre en sujetos con síndrome metabólico (27), presentando relaciones lineales en cuanto a dosis-riesgo. Ahora bien, ¿Qué tipo de actividad física se debe recomendar? Cuando nos hacemos esta pregunta debemos tener claro, en primer lugar, el principio de la individualidad del entrenamiento; es decir, no tiene sentido intentar afirmar que un tipo de ejercicio es mejor que otro, sino que debemos encontrar el mejor ejercicio a recomendar “para cada persona en concreto”.

Con esto, intento acabar con la tradicional práctica de recomendar ejercicio aeróbico del tipo “salir a caminar, ir a correr o hacer natación”. La ciencia avanza y el deporte es medicina, es necesario saber aplicar esta herramienta tan potente como agente de salud en cada caso de la población, huyendo de patrones que no se adaptan al individuo.

Ejercicio aeróbico y síndrome metabólico

Suelen ser de tipo continuo, implican grandes grupos musculares y los sujetos son capaces de mantenerlo en el tiempo (intensidad baja-moderada). Utilizan la energía de los lípidos e hidratos de carbono, dependiendo este porcentaje de la intensidad del ejercicio.

Cuando empezamos a correr a ritmo moderado, por ejemplo, empezamos usando lípidos como vía energética principal; a medida que el esfuerzo se va volviendo más vigoroso, vamos priorizando la contribución de los hidratos de carbono hasta llegar al umbral láctico (pasando de un metabolismo aeróbico a anaeróbico), donde se minimiza la utilización de los lípidos (17).

Hay maneras para que cualquier persona pueda hacerse una idea de si está realizando ejercicio aeróbico. La primera es usar puede usar un pulsímetro o cualquier otro medidor de frecuencia cardíaca, con el cual sabría cuando se acerca al umbral anaeróbico.

Otra manera más rudimentaria pero que puede servir para orientar a personas que no llevan dispositivos, es el test del habla; si observamos que durante el ejercicio nos es difícil hablar y no nos podemos comunicar de forma fluida, significa que el ejercicio está teniendo predominancia anaeróbica.

Ejercicio anaeróbico y síndrome metabólico

Ejercicios más vigorosos, los cuales no podemos mantener durante un largo periodo de tiempo (intensidad alta-muy alta). Principalmente los asociamos a trabajos con resistencias externas y trabajando los grupos musculares de forma más específica que en los ejercicios aeróbicos. Para valorar este tipo de trabajo podemos usar el porcentaje de repetición máxima (%1RM). 1RM significa que puedes hacer una repetición, pero no dos, con un peso concreto. Por ejemplo, si nosotros podemos levantar un máximo de 100kg en una sentadilla, trabajar al 70%RM significaría que tenemos que hacer series con 70kg.

¿Cómo elegir?

Ambos tipos de ejercicio han demostrado su efectividad en diferentes patologías cardiovasculares y metabólicas, incluyendo el síndrome metabólico. Diferentes estudios (24) muestran que los programas ejercicio que incluyen tanto una parte aeróbica como una anaeróbica –usando ejercicios de baja resistencia entre el 40-60%RM, lo cual permite realizar entre 15 y 20 repeticiones-, consiguen una reducción del peso corporal con mayor preservación de masa magra que en programas exclusivamente aeróbicos. Además, también se evidencia una reducción de la resistencia a la insulina (28).

Tjønna et al. (2008), estudiaron con 32 adultos con síndrome metabólico los efectos de un programa de ejercicio moderado continuo y los de un programa de ejercicio interválico de alta intensidad (HIIT), ambos de 16 semanas de duración. Se consiguió una reducción del perímetro de cintura del 5,7% y del 4,7%, respectivamente. Por su parte, el grupo HIIT obtuvo otros beneficios relacionados con el síndrome metabólico como la función endotelial y la sensibilidad a la insulina.

Otro estudio interesante es el realizado por Campbell et al. (2010) con un grupo de mujeres obesas, donde se consiguió una reducción del 18% de masa grasa en el grupo que hacia ejercicio aeróbico continuo, frente a una reducción del 27% en el grupo que realizaba ejercicio anaeróbico interválico. Además, este segundo grupo obtuvo un descenso significativo de colesterol VLDL.

A nivel práctico, el hecho de trabajar grupos musculares pequeños permite realizar los diferentes ejercicios de forma sentada o tumbada, sin grandes requerimientos cardiorrespiratorios, los cuales podrían ser un factor limitante. Esto ayuda a mantener estable la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

Conclusiones

El aumento del riesgo cardiovascular asociado al síndrome metabólico puede deberse a la suma de sus partes ya que cada uno de sus componentes constituye un factor de riesgo independiente (5):

  • Dislipemia.
  • Obesidad.
  • Hipertensión.
  • Resistencia a la insulina.

La combinación de estos cuatro elementos fundamentales del síndrome metabólico puede terminar en ateroesclerosis y finalmente, en accidentes cardiovasculares (19).

Como hemos visto, ambos métodos de trabajo reportan beneficios en sujetos con síndrome metabólico, pero la clave está en la combinación de los diferentes tipos de ejercicio. Para adecuar la dosis de trabajo es imprescindible evaluar la capacidad funcional de cada individuo, así como su estilo de vida y demás factores ambientales, claves para conseguir una adherencia al programa. Ante la tradicional recomendación de ejercicio aeróbico, la aplicación de ejercicios anaeróbicos con cargas ligeras-moderadas es decisiva en un tratamiento efectivo para el síndrome metabólico.

El mejor tratamiento para el síndrome metabólico se basa en la prevención, control de factores de riesgo y cambios en el estilo de vida, todos de muy fácil aplicación para la población, con el objetivo de prevenir complicaciones futuras (16).

Bibliografía

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POL CEJAS BORRÀS. || Estudiante del Máster en Entrenamiento Deportivo, Actividad Física y Salud. Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerna-Universidad Ramon Llull.

Autor Colaborador || Brais Ruibal Lista

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