Obesidad y actividad física

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chicas posando espalda contra espalda

Esta patología se produce por una acumulación de grasa corporal suficiente para producir efectos adversos sobre la salud, causando una reducción de la esperanza de vida y un incremento de los problemas de salud (6) como un aumento de la aparición de las enfermedades cardíacas, diabetes tipo II, dificultades respiratorias durante el sueño, algunos tipos de cáncer y artrosis (4). Se produce como norma general por la combinación de un exceso de ingesta de calorías en la dieta y la ausencia de actividad física, aunque en ocasiones puede ser debido a alteraciones genéticas, endocrinas, medicaciones o enfermedades psiquiátricas.

La obesidad es una de las principales causas modificables de muerte en el mundo, y se considera uno de los problemas de salud más graves del siglo XXI (1).

¿Qué entendemos por obesidad?

Producida por un balance energético positivo como resultado de un gasto energético menor que la energía obtenida a través de la dieta, la obesidad presenta siempre un porcentaje de grasa mayor del 30% en las mujeres y un 20% en los hombres.

Según la OMS, en función del Índice de Masa Corporal (IMC) podremos encontrarnos con la clasificación mostrada en la tabla 1.

clasificacion de la OMS en función del IMC
Tabla 1. Clasificación en función del IMC (6).

Existe también un riesgo asociado a la acumulación de la grasa en la zona abdominal, por lo que el National Heart, Lung and Blood Institute (NHLBI) relacionaron el perímetro abdominal con este riesgo, marcando como puntos de corte en las mujeres 88 cm y en los hombre 102, a partir de los cuales aumentan el riesgo para la salud.

Además existen riesgos asociados al sexo, la etnia o el grupo social, que hacen más susceptibles de padecer obesidad o sobrepeso:

  • Sujetos pertenecientes a grupo minoritarios  (5).
  • Los sujetos con menor poder adquisitivo en los países industrializados (entre el 15 y el 30 % de la población).
  • Clases sociales más fuertes en países pobres.
  • Aumento constante en sujetos entre 29 y 50 años.
  • Punto máximo entre los 50 y los 59 años de edad.

médica tomando perímetro abdominal con una cinta métrica

¿Por qué aumenta la prevalencia en las últimas décadas?

El aumento de la prevalencia de esta patología podría explicarse como resultado de una combinación de tres posibles situaciones (2):

  • Una mayor ingesta de calorías de una parte de la población en comparación con generaciones pasadas, sin cambios en el gasto energético diario.
  • Una disminución en el gasto energético diario sin cambio en la ingesta de calorías si lo comparamos con las anteriores generaciones
  • Disminución en la ingesta diaria acompañada de una disminución en el gasto energético todavía mayor.

En referencia al balance energético, se ha escrito en esta revista otro artículo en el que se tratan las claves de una vida activa, para tratar de incidir sobre este gasto energético diario.

¿Se debe tratar la obesidad?

A título personal la respuesta es un rotundo si, pero siempre teniendo en cuenta los factores individuales del sujeto, por los riesgos que pudiera conllevar. Perder peso no significa únicamente disminuir el riesgo de padecer enfermedades y perecer de forma prematura, sino que también influye en la curación de varios problemas de salud, de los que nos centraremos en los que tienen una mayor influencia sobre la mortalidad y morbilidad asociadas al sobrepeso y la obesidad (5):

Presión sanguínea

Es uno de los parámetros más importantes a valorar debido al riesgo cardiovascular que presenta, y empíricamente se ha demostrado (5) que:

  • La reducción del peso mediante modificación de estilos de vida reduce la presión sanguínea.
  • El uso de medicamentos empleados para la pérdida de peso combinados con una modificación del estilo de vida conllevan una reducción de la presión sanguínea.

En base a esto es altamente recomendable la pérdida de peso en sujetos que padecen obesidad o sobrepeso de cara a la reducción de la presión sanguínea.

Colesterol y triglicéridos

Estos elementos conllevan también un aumento del riesgo relativo de muerte, provocando gran cantidad de problemas de salud. En 1998 el NIH (5) concluyó tras revisar una serie de estudios que:

  • La reducción de peso mediante modificación del estilo de vida conlleva una reducción de los triglicéridos y un aumento del HDL (colesterol “bueno” con efecto cardioprotector), así como una reducción total en los niveles de colesterol y en ocasiones del LDL (colesterol “malo”).

Una vez más, es muy recomendable la reducción del porcentaje de grasa corporal ya que ayuda a reducir los niveles elevados de colesterol total, LDL y triglicéridos, así como a aumentar el factor protector cardíaco HDL en sujetos con obesidad o sobrepeso.

imagen de una arteria seccionada

Diabetes e intolerancia a la glucosa

Es también recomendable la reducción de peso, ya que caen los niveles elevados de glucosa en sangre en sujetos con sobrepeso y obesidad con diabetes tipo 2:

  • Las disminuciones de grasa abdominal conllevan una mejora de la tolerancia a la glucosa en pacientes que padecen sobrepeso e intolerancia, a pesar de que dicha mejora no se ha demostrado que sea resultado independiente de la pérdida de peso.
  • Perder peso como resultado de la modificación del estilo de vida reduce los niveles de de glucosa sanguínea en personas con sobrepeso y obesidad sin diabetes tipo 2 y los niveles de glucosa sanguínea en sujetos con diabetes tipo 2.

Reducción de la grasa abdominal

Se comenta más arriba que existe un riesgo sobre la salud asociado a los niveles elevados de grasa abdominal, siendo importante tratar de reducir dicho factor de cara a disminuir los factores de riesgo que conlleva. Sabemos a ciencia cierta que:

  • El perímetro de la cintura es un buen estimador de la grasa abdominal.
  • Perder peso se asocia con una disminución de los niveles de grasa abdominal, siento esta medida a partir del perímetro de la cintura.

 ¿Qué papel juega la actividad física?

Ya hemos comentado la implicación de la actividad física sobre el gasto energético diario, y este elemento es la clave para comprender cómo funciona el organismo  a la hora de perder peso. El American College of Sports Médicine  (ACSM) en su posicionamiento de 2009 (3), habla de las estrategias más adecuadas para conseguir perder y mantener el peso mediante la actividad física, concluyendo lo siguiente:

  • Se pueden producir pérdidas de peso significativas a través del ejercicio y la actividad física, consiguiendo mayores reducciones con un nivel semanal de actividad mayor. Un actividad entre 225 y 420 minutos semanales llevarán a una pérdida de peso entre 5 y 7,5 kg en un período de 6 meses en manteniendo los hábitos alimenticios. Es importante no aumentar la ingesta que compensaría el gasto producido por el ejercicio.
  • La actividad física y el ejercicio previene las ganancias de peso. Unos niveles que oscilen entre los 150 y los 250 minutos semanales significando un gasto entre 1200 y 200 kilocalorías semanales, sería adecuadas para prevenir ganancias de peso en adultos.

mujer con obesidad haciendo ejercicio en una bicicleta estática

Además, una serie de estudios avalan que la combinación de actividad física y ejercicio suponen una mayor reducción en la masa grasa que ambos elementos por sí solos. Por ello, en un próximo artículo, abordaremos el tratamiento de la obesidad de cara a conocer las posibles estrategias que se pueden llevar a cabo a la hora de afrontar esta situación que conlleva un riesgo tan importante para la salud de las personas que la padecen.

Es necesario resaltar que estos procesos non se llevan a cabo en períodos cortos de tiempo, y han de ser planificados estrictamente y supervisados en todo momento por personal formado en la materia (médicos, nutricionistas, profesionales cualificados del deporte, etc.) ya que estamos hablando de la salud e integridad de las personas.

Seguimos comprobando los beneficios que la actividad física y el ejercicio aportan a la salud de la población. Es por ello que en Mundo Entrenamiento apostamos por la difusión de contenidos con base científica, buscando aportar la mejor información ya que creemos que el conocimiento siempre podrá ser empleado en beneficio de muchos.

 Bibliografía

  1. Barness, L.A., Opitz, J.M. y Gilbert-Barness, E. (2007): Obesity: genetic, molecular, and environmental aspects. American Journal of Medical Genetics. 143A, 3016-3034.
  2. Bouchard, C. (2000): Introduction. En C. Bouchard (Ed.) Physical activity and Obesity. (pags., 1-20) Champaign: Human Kinetics.
  3. Donnelly, J.E., Blair, E.N., Jakicic, J.M., Manore, M.M., Rankin, J.W. y Smith, B.K. (2009): American College of Sports Medicine position stand: Appropiate physical activity intervention strategies for weight loss and prevention of weight regain for adults. Medicine & Science in Sports & Exercise, 41, 459-471.
  4. Haslam, D.W. y James, W.P. (2005): Obesity. The Lancet, 366, 1197-1209
  5. National Institutes of Health. (1998): Clinical guidelines on the identification, evaluation, and treatment of overweight and obesity in adults. The evidence report. NIH Publication nº 98-4083, septiembre 1998.
  6. Organización Mundial de la Salud. (1997): Preventing and managing the global epidemic. Report of a WHO Consultation of Obesity. Genova, 3-5 June 1997.

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