Hipertensión arterial. La guía definitiva

Las enfermedades a nivel cardiovascular suponen la principal causa de muerte en adultos en la sociedad de hoy en día. Muchas son agravadas o producidas por hábitos de vida sedentarios. En este grupo se pueden incluir enfermedades como la cardiopatía isquémica, la hipertensión, ataques cerebrales, fallos a nivel cardíaco, defectos cardíacos de carácter congénito, e incluso alteraciones vasculares periféricas y enfermedades reumáticas cardíacas (2).

En esta guía, nos centraremos en una enfermedad a nivel cardiovascular prevalente en la sociedad actual. La hipertensión arterial.  Dicha enfermedad es una de las primeras causas por la que las personas visitan al médico de forma periódica (1).

Durante muchos años, la hipertensión ha sido comparada a un “asesino que mata de forma silenciosa”, porque suele aparecer con muy pocos síntomas, a pesar de que puede provocar diferentes problemas que sí manifiestan ciertos síntomas (1). El hecho de tener hipertensión se incrementa a medida que cumplimos años, con lo que se ve significativamente más prevalente en personas de edad avanzada. Además se presenta mayoritariamente en hombres que en mujeres; y mayor entre las personas de color que entre las personas de raza blanca (3).

Algunos de los factores de riesgo que incrementan la probabilidad de hipertensión son los siguientes (1):

  • Historia familiar de tensión arterial elevada.
  • Diabetes o enfermedad renal.
  • Ascendencia afroamericana.
  • Género masculino.
  • Edad (de 35 años en adelante).
  • Tabaquismo.
  • Obesidad.
  • Uso de contraceptivos orales.
  • Excesivo consumo de alcohol.
  • Vida sedentaria.

¿Cómo interpretar la tensión arterial?

A la hora de conocer nuestra tensión arterial, debemos distinguir entre presión arterial sistólica y diastólica. La cifra más elevada de tensión arterial hace referencia a la presión sistólica, es decir, la que presentan las arterias que parten del corazón cuando este órgano está bombeando sangre. Mientras que la cifra inferior hace referencia a la presión diastólica, o la presión que se aprecia en las arterias cuando el corazón se encuentra en reposo durante los pocos microsegundos que separa un latido del siguiente (1).

La figura 1 que se presenta a continuación nos ofrece diferentes valores de tensión arterial que pueden ser observados en personas adultas (1):

Hipertensión arterial
Figura 1. Clasificación de la hipertensión en adultos. Adaptado de Divine (2008) (1).

De esta forma, la tensión arterial se considera óptima, por lo que al riesgo cardiovascular se refiere, cuando la tensión arterial sistólica (TAS) es < 120 mmHg y la tensión arterial diastólica (TAD) es < 80 mmHg. De otro modo, aquellas personas con tensión arterial sistólica superior a 140 están expuestas a un riesgo tan grande de sufrir las mismas complicaciones que quienes presentan una tensión arterial diastólica crónicamente superior a 90. Por consiguiente, será importante identificar y controlar el aumento de ambas tensiones.

Tanto la presión arterial sistólica como la diastólica en reposo disminuyen como consecuencia del ejercicio y la actividad física regular. La presión arterial diastólica puede aumentar durante el ejercicio, y si lo hace, este hecho debe ser considerado como uno de los primeros signos de hipertensión. Puesto que durante la práctica de ejercicio físico se necesita más flujo sanguíneo, para cumplir con esta exigencia el organismo debería reducir automáticamente el nivel de resistencia al flujo de sangre en el interior de los vasos, por lo que la presión diastólica debería descender con la práctica de ejercicio. Sin embargo, en algunas personas hipertensas, el mecanismo normal que permite la reducción de la presión diastólica no funciona correctamente y ésta puede subir (1).

Hipertensión arterial

¿Cuáles son las causas de hipertensión?

En la mayoría de los casos, se desconocen las causas de la hipertensión. Existen varias teorías como el endurecimiento o falta de flexibilidad y estirabilidad de las arterias, mayor tono del recubrimiento muscular liso de las arterias o posible mal funcionamiento renal que provoca retención de fluidos y sodio (1).

De este modo, podemos clasificarla en hipertensión primaria, aquella que se produce por causas desconocidas, o hipertensión secundaria, cuya causa se debe a trastornos endocrinos o estructurales identificables (3).

Entre las causas secundarias de hipertensión figuran las siguientes (1):

  • Apnea del sueño.
  • Enfermedad renal.
  • Estenosis dela arteria renal e hipertensión vascular renal.
  • Hiperfunción suprarrenal.
  • Coartación de la aorta.
  • Hipotiroidismo.
  • Hipertiroidismo.
  • Descongestivos y estimulantes.
  • Antiinflamatorios no esteroides e inhibidores de la COX-2.
  • Esteroides anabólicos.
  • Ansiedad y depresión.

Enfermedades vasculares derivadas de la hipertensión

Las enfermedades vasculares están comúnmente asociadas a la hipertensión. Entre ellas podemos destacar la cardiopatía, la apoplejía, la retinopatía y la enfermedad e insuficiencia renal (1):

  • Cardiopatía: la hipertensión, junto con el tabaquismo, el colesterol elevado y la vida sedentaria son los factores de riesgo que ejercen mayor impacto sobre el desarrollo de cardiopatías.
  • Apoplejía: la tensión elevada suele ser asintomática, por lo que la causa de la apoplejía o daño cerebral puede ser una hipertensión prolongada que acaba lesionando los vasos sanguíneos encargados de suministrar sangre al cerebro.
  • Retinopatía: la hipertensión puede afectar a los vasos sanguíneos que llegan a la retina, provocando cambios en la visión o incluso ceguera.
  • Enfermedad e insuficiencia renal: la tensión arterial elevada es la principal causa de lesión renal permanente ya que el funcionamiento renal normal se encuentra estrechamente relacionado con la regulación de la tensión arterial (1).

pareja en bici

El ejercicio físico como herramienta para regular la tensión arterial

Una vez diagnosticada la hipertensión, es posible buscar un tratamiento que sea eficiente para vencer la batalla a la hipertensión arterial. A modo genérico se recomienda intentar disminuirla siempre mediante modificaciones en los estilos de vida, entre los que destacamos por encima de todo la práctica asidua de ejercicio físico.

La dosis adecuada de actividad física será de 30 minutos de ejercicio de carácter aeróbico en la que participen la mayoría de los músculos casi todos los días de la semana, lo cual producirá un incremento del latido cardíaco del 55 al 70 % máximo.

Para la gran mayoría de la población, la mejor actividad de carácter aeróbico es andar o caminar, sin embargo, existen muchas otras alternativas distintas que nos reportan efectos positivos para la hipertensión arterial. Es conveniente por tanto añadir a nuestro programa de ejercicios algún tipo de entrenamiento de fuerza y flexibilidad, ya que nos ayudarán a mejorar nuestra salud y calidad de vida (1).

Si comienza un plan de actividad física para reducir la hipertensión, debe saber que llevará entre seis y doce semanas comprobar los efectos beneficiosos del entrenamiento sobre la tensión, por lo que los resultados serán progresivos y se notará que la tensión durante el ejercicio físico no se incrementa tanto a pesar de que se ejercite con la misma intensidad. Una vez que se compruebe la tensión finalizado ese período de 6-12 semanas, probablemente se notará una reducción de entre 5 y 10 mmHg tanto en la presión sistólica como en la diastólica (1).

Aquellas personas que se encuentren en la fase denominada en la figura 1 como pre-hipertensa o en la etapa 1 de gravedad, volverán a niveles ideales. Además, a estas alturas también se conseguirá reducir el riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca (1).

Bibliografía

  1. Divine, J.G. (2008). Plan de acción contra la hipertensión. Guía sobre el ejercicio físico y los cuidados más convenientes para reducir la hipertensión. American Colege of Sports Medicine. Madrid: Neo Person.
  2. Meléndez Ortega, A. (2000). Actividades físicas para mayores. Las razones para hacer ejercicio. Madrid: Gymnos.
  3. A.C.S.M. (2007). Manual ACSM para la valoración y prescripción del ejercicio. American Colege of Sports Medicine. Barcelona: Paidotribo.

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