Entrenamientos de altura, un clásico del ciclismo

La gran mayoría de los equipos profesionales inducen a sus ciclistas a realizar este tipo de prácticas en su preparación, sobre todo, para las grandes vueltas. Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta Ciclista a España son el culmen de un deporte en el que para triunfar hay sufrir antes.

En este artículo se abordan los beneficios que se pueden obtener de un entrenamiento en altura, además de cómo realizarlo bien para tener los dos picos de forma que se pueden llegar a conseguir con una buena preparación de estas características.

Los beneficios demostrados

Si se realiza bien el entrenamiento y la estancia en altura es la correcta, el principal beneficio que se obtiene es un estado de forma muy bueno, el cual es muy difícil conseguir en condiciones normales. Y es que si se ha hecho todo correctamente y se cumplen los plazos, no competir en los 10 primeros días después de bajar, se producirán dos picos de forma, el primero a los 21-25 días y el segundo sobre los 50-60, lo que permite a los ciclistas poder centrarse en dos de las grandes vueltas.

Para ello, eso sí, se deben haber hecho una práctica correcta en la montaña. Lo normal es entrenar unas tres semanas entre los 2000-2500 metros de altura, ya que en estos niveles hay menos presión y, por lo tanto, menos oxígeno. El cuerpo tiene que adaptarse los primeros días, se ha de llevar un control exhaustivo del deportista y es conveniente controlar tanto la pérdida de masa muscular, como la hidratación y el nivel de Fe+ en sangre, este desde antes de subir, sobre todo en mujeres.

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Durante ese tiempo se consiguen unos efectos de disminución de la reserva alcalina, capilarización del músculo (lo que conlleva una mejor recuperación), aumento del número y la eficacia de las mitocondrias y una adaptación sanguínea y respiratoria del cuerpo a un estado que no es el natural y, ni mucho menos, en el que se compite a diario. El hecho de tener más O2 en las carreras que en la montaña, donde se ha entrenado, facilita la respuesta del organismo al tener un sistema más eficiente en su transporte, que previamente se ha ajustado al poco oxígeno del que disponía.

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«TDF34750 skyleger op de tourmalet» by filip bossuyt (CC BY 2.0)

Conclusión

La gran mayoría de los favoritos en las apuestas de ciclismo, como podrían ser los casos de Chris Froome, Vincenzo Nibali o Nairo Quintana, entre otros, acostumbran a hacer una o dos subidas de entrenamiento a la montaña al año. Todo ello con el objetivo de marcar diferencias y luchar con garantías por el amarillo en el Tour como ocurre con el corredor inglés.

Depende en gran parte del calendario y de cuándo se quiere alcanzar el rendimiento óptimo de la temporada en una planificación, pero está demostrado que este tipo de sistemas para deportes de resistencia, como en este caso lo es el ciclismo, son muy efectivos.

Y es que, además, en este deporte, el hecho de que se compita en algunas ocasiones por encima de los 2000 metros de altitud hace que la preparación para esos días sea clave si no quieren tener una pájara por su no adaptación a las condiciones que existen ahí. Lo que le convierte en un puntal básico de la planificación de cada ciclista, sobre todo para aquellos a los que se les exige ganar en los grandes puertos de montaña.

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