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Mundo Entrenamiento

Categoría femenina en el deporte

2 marzo, 2020
categoria femenina en el deporte

La diferenciación, en casi cualquier ámbito, entre hombres y mujeres es un gran lastre de nuestra sociedad. Hoy en día, aún hay diferencias laborales, de roles familiares, de oportunidades, etc. Hasta en el ámbito de la salud, la gran mayoría de estudios se hacen en hombres y luego se extrapolan a las mujeres (Sanchez-Lopez & Limina-Gras, 2018). Como no podía ser de otra manera, también existe la categoría femenina en el deporte una diferenciación y segregación, pero…

¿Está justificada la categoría femenina en el deporte?

El deporte, a todos los niveles, promueve una serie de valores como el esfuerzo, la perseverancia, el respeto y la igualdad. Pero igualdad no significa negar la diferencia sino hacer que todos, ya sean hombres o mujeres, puedan tener las mismas oportunidades de realizar cualquier práctica deportiva y de tener éxito. Y es que es ampliamente conocido que hombres y mujeres tienen un rendimiento diferente.

Esta desemejanza va más allá de las diferencias anatómicas observables a simple vista y recae, en su mayoría, en una hormona llamada testosterona (Handelsman, Hirschberg, & Bermon, 2018).

La testosterona es una hormona esteroidea secretada mayoritariamente por el testículo y, en mucha menor proporción, por el ovario y la glándula suprarrenal. Por lo tanto, los hombres alcanzarán niveles de dicha hormona muy superiores a los de las mujeres. En mujeres encontramos valores de <2nmol/L y en hombres entre 7 y 30nmol/L.

La distribución es bimodal y las curvas no se solapan en ningún caso.

¿En qué procesos, mayoritariamente, está implicada?

A continuación analizamos los procesos:

Músculo

A través de la activación de genes dependientes de andrógenos, conduce a un aumento del tamaño y la cantidad de células musculares y al aumento de células satélite. También favorece la expresión de miostatina, la biogénesis mitocondrial y el tamaño de las motoneuronas.

El músculo aumentará, por lo tanto, la fuerza, la potencia y la eficiencia energética. (Adler et al., 2016; Handelsman et al., 2018)

Hemoglobina

Los niveles de hemoglobina circulante son andrógeno-dependientes ya que la testosterona aumenta la secreción y la sensibilidad de la eritropoyetina, hormona directamente relacionada con la síntesis de hemoglobina.

Por lo tanto, los hombres tendrán, de entrada, unos niveles de hemoglobina circulante más elevados. Concretamente, entre un 11 o 12% más, lo que se traduce en un aumento del 10% del VO2máx., que es la cantidad de oxigeno que un organismo puede absorber, transportar y consumir por unidad de tiempo (Adler et al., 2016; Handelsman et al., 2018).

Huesos

Mayor medida y densidad, que se traduce en una mayor funcionalidad. Serán más altos y sus huesos resistirán más. De hecho, la cantidad de fracturas de sobreuso es más elevada en mujeres que en hombres (Adler et al., 2016; Handelsman et al., 2018).

Sumando las diferencias de estos 3 sistemas podemos ver claro que el rendimiento no es comparable y, por lo tanto, si queremos jugar en igualdad de condiciones debemos separar por sexo biológico. Cuanta más cantidad de testosterona haya en sangre más acentuadas se verán estas diferencias fisiológicas y estructurales.

Hasta aquí todo parece muy razonable.  Pero ahora viene el problema:

La disyuntiva surgió con el caso de la atleta sudafricana Caster Semenya, una mujer con síndrome hiperandrogénico el cual, a grandes rasgos, hace que la persona tenga unos niveles de testosterona superiores y, en consecuencia, se beneficie de las ventajas descritas anteriormente (Camporesi, 2019).

En 2011, la IAAF (International Association of Athletic Federations) decidió establecer un límite superior de hormona para poder competir en categoría femenina. Dicho límite se fijó en 10nmol/L (recordemos que los valores para las mujeres eran de <2nmol/L) y, en seguida, el COI (Comité Olímpico Internacional) lo avaló.

Al cabo de unos años, concretamente en 2015, la norma fue anulada por el comité de arbitraje del deporte alegando que no había evidencia científica suficiente para demostrar superioridad en el rendimiento en función de los niveles de testosterona en sangre. Actualmente, se están realizando más investigaciones para poder evidenciar estas diferencias (Handelsman et al., 2018).

Y como siempre ocurre, hecha la ley, hecha la trampa…

¿Qué pasa si nos administramos testosterona de manera exógena para mejorar nuestro rendimiento?

La testosterona exógena no tiene ninguna diferencia respecto a la endógena, por lo tanto, causaría los mismos beneficios. Y entramos en el profundo, oscuro e interminable mundo del dopaje. Sí, existe dopaje por testosterona y sí, es difícil de detectar, pero cada vez se están desarrollando más técnicas de análisis.

Una de ellas es el pasaporte biológico (Sottas, Robinson, Rabin, & Saugy, 2011), una herramienta potentísima para detectar dopaje. Simplificando, el pasaporte biológico es una especie de ficha personal de cada deportista en el que se van introduciendo los valores de la sustancia analizada, en este caso de testosterona, a lo largo de todos los controles y se van graficando.

Estos valores deberían estar siempre incluidos en un estrecho rango, en función de la edad, sexo, deporte, variabilidad intra e interpersonal… Si en algún momento algún valor se sale de lo esperado injustificadamente, asumiremos que no se ha podido llegar de manera fisiológica y que ha habido dopaje.

Tabla 1
Tabla 1. Las líneas rojas muestran los límites y los puntos azules los valores del deportista en cada muestra. El último punto azul podría ser motivo de sanción.

Entonces, todos estamos de acuerdo en que las diferencias fisiológicas justifican la separación en dos categorías y que no tendría sentido unificarlos porque la categoría femenina en el deporte desaparecería.

¿Pero lo justifican en todos los niveles y en todas las edades?  ¿Siempre hay esta diferencia de cantidad de hormona circulante? ¿Cuándo se empiezan a ver las diferencias?

No, al nacer los niveles de testosterona son exactamente iguales en ambos sexos, no es hasta la pubertad, con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, que la producción aumenta hasta 20 veces más en chicos que en chicas.

Es en la adolescencia cuando vemos todas esas diferencias de desarrollo muscular, mejoras en el VO2máx.… que llevan, directamente, a una diferenciación del rendimiento deportivo (Handelsman et al., 2018). Pero no antes.

La pregunta entonces es: ¿por qué separamos por sexos desde las categorías más inferiores si ambas partes estarían en igualdad de condiciones?

Y aquí entra la construcción social del género. Subjetiva, totalmente cultural e impuesta, pero a la vez autodefinida (Handelsman et al., 2018).  Separando por sexos fomentamos los roles de género, estigmatizamos ciertos deportes ya a nivel escolar y dificultamos la inclusión de niños y niñas transgénero, intersex, con diferencias en el desarrollo sexual, etc. (Lucas-carr & Krane, 2016).

Conclusión

En conclusión, y recuperando una frase del inicio: “igualdad no significa negar la diferencia sino hacer que todos y todas, ya sean hombres o mujeres, puedan tener las mismas oportunidades de realizar cualquier práctica deportiva, y de tener éxito”.

En el momento en que no haya esta igualdad de oportunidades hay que separar por categorías, igual que se separa por peso en deportes de contacto o por nivel de discapacidad en competiciones paralímpicas.

Pero de la misma manera que no tendría sentido separar por altura en fútbol o por color de pelo o piel en hockey, habría que plantearse por qué se está separando por sexos y se crea una categoría femenina en el deporte antes de la pubertad y si está justificado, o es sólo una cuestión histórico-social.

Referencias bibliográficas

  1. Adler, M., Bartlett, K., Buzuvis, E., Bradley, C., Bradley, K., Case, M. A., … Wilson, A. (2016). Sex in sport. 25.
  2. Camporesi, S. (2019). When does an advantage become unfair ? Empirical and normative concerns in Semenya ’ s case. J Med Ethics, 700–704.
  3. Handelsman, D. J., Hirschberg, A. L., & Bermon, S. (2018). Circulating Testosterone as the Hormonal Basis of Sex Di ff erences in Athletic Performance. (July), 803–829.
  4. Lucas-carr, C., & Krane, V. (2016). Troubling Sport or Troubled by Sport Experiences of Transgender Athletes. 7397(March), 20–44.
  5. Sanchez-Lopez, M. ., & Limina-Gras, R. . (2018). The Psychology of Gender. The Psychology of Gender, 206(5), 2018.
  6. Sottas, P. E., Robinson, N., Rabin, O., & Saugy, M. (2011). The athlete biological passport. Clinical Chemistry, 57(7), 969–976.

 

Autora | Anaís Cuerva Muñoz

Máster en Entrenamiento, Actividad Física y Salud. Universitat Ramon Llull 2019-2020